Autor: Pablo Moreno

Economía del cambio climático (III): los costes de reducir CO2

En la entrada anterior se abordaban los costes que generan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En este tipo de análisis es habitual recurrir a los modelos IAM simples (Integrated Assessment Models), que estiman el coste neto actual de las emisiones de GEI, sintetizando en un precio, como, por ejemplo, el coste social del carbono (CSC), el valor neto de todos los costes y beneficios que se generan al emitir una tonelada adicional de CO2, es decir, una aproximación del coste marginal de las emisiones. El siguiente paso del problema económico que plantea el cambio climático sería comparar este coste con los costes en los que se incurre en las distintas alternativas tecnológicas de reducción de emisiones, para tratar de determinar las estrategias más eficientes. Ahora bien, de la misma manera que el CSC, estos costes también están sujetos a mucha incertidumbre por su componente dinámico.

Justa indignación

Desde el homicidio del ciudadano de raza negra George Floyd el pasado 25 de mayo en Minneapolis, tras el atroz abuso de poder del policía de raza blanca, Derek Chauvin, Estados Unidos ha vivido la ola de protestas cívicas más intensa desde 1968. Más de medio siglo después del movimiento por los derechos civiles y el asesinato de Martin Luther King, la población negra sigue manteniendo unos niveles completamente desproporcionados de marginación económica y social.

Economía del cambio climático (II): los costes de emitir CO2

En una entrada anterior (previa al estallido de la COVID-19) veíamos el problema a resolver que plantea el cambio climático, que continúa siendo un reto central para la economía global y puede ser ahora también el eje sobre el que dar respuesta a la crisis del coronavirus, impulsando una transición de nuestras estructuras económicas hacia una economía verde. Como veíamos, el objetivo científico es contener el aumento de la temperatura a 2oC por encima de los niveles preindustriales y preferiblemente a 1,5oC, lo que exige reducir a cero las emisiones netas de dióxido de carbono, CO2 (y también de otros gases de efecto invernadero, GEI), en las próximas cinco décadas (tres, si el objetivo es 1,5 oC). Desde un enfoque económico, el siguiente paso analizar los costes que generan las emisiones de GEI y los costes en los que se incurre en su reducción para tratar de determinar las alternativas más eficientes y/o eficaces para reducirlas. La estimación de estos costes está sujeta a una incertidumbre muy elevada porque deben estimar impactos de muy largo plazo y los distintos modelos presentan estimaciones muy dispares. En esta entrada nos centramos en los costes de las emisiones de CO2.

La respuesta del FMI a la crisis de la COVID-19

La crisis del COVID-19 ha generado una profunda recesión en la economía global, no vista desde la Gran Depresión, que el FMI ha etiquetado como “El Gran Confinamiento”. A lo largo del último mes, el Fondo ha estado perfilando su respuesta a la crisis que ayer quedó ratificada en las Reuniones de Primavera celebradas en formato virtual. La respuesta para la actual fase de contención se centra en tres ejes: ampliación de los préstamos de emergencia, un nuevo préstamo de liquidez y el alivio de la deuda para los países más pobres. El próximo paso será apoyar a los países en la fase de recuperación, lo que pasará por nuevos programas convencionales que sucedan a los de emergencia y por la necesidad de reevaluar el marco macroeconómico tras la crisis.

COVID-19: Medidas escalonadas, pero contundentes

La mayoría de las economías avanzadas han aprobado a lo largo de la última semana múltiples y amplias medidas para hacer frente al impacto económico del shock sanitario que está suponiendo el coronavirus. Las medidas aprobadas por los distintos países responden a un esquema similar, con grandes inyecciones de recursos para los sistemas sanitarios y disposiciones orientadas a sostener la liquidez del sistema económico, incluyendo esquemas de apoyo financiero a los ciudadanos y trabajadores afectados por la crisis, garantías y líneas de liquidez a empresas, retraso en las obligaciones fiscales y relajación de la política monetaria con bajadas de los tipos de interés y nuevas medidas de expansión cuantitativa.

Economía del cambio climático (I): el problema a resolver

Frenar el cambio climático es el principal reto de medio plazo al que se enfrenta la comunidad internacional. Se trata de un objetivo mayúsculo que requiere un esfuerzo generalizado en todos los ámbitos políticos y sociales, incluyendo un papel especialmente importante para la política económica. El problema a resolver es determinar y llevar a cabo las políticas económicas más eficientes y políticamente viables para reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) y las alternativas afectan a todos los ámbitos de política económica en los que es necesario actuar de manera conjunta ‒incluyendo las políticas: fiscal, financiera, monetaria, laboral, sectoriales o de consumo‒. El primer paso del problema es determinar cuánto deben reducirse las emisiones y dónde se concentran, y la respuesta ya la ha dado la ciencia del cambio climático.

El riesgo de desacoplamiento entre EEUU y China

La semana pasada EEUU y China firmaron la fase uno de su acuerdo económico y comercial bilateral. En general, el acuerdo ha sido interpretado como un paso que permite frenar la escalada de tensión entre las dos superpotencias, una tregua en un año de período electoral en EEUU, pero que no resuelve los principales conflictos bilaterales que quedan relegados a una fase dos del acuerdo, sin un calendario claro. Al contrario, la percepción mayoritaria es que la estrategia de confrontación impulsada por la administración Trump gana peso político en Washington y también en Pekín, de forma que la economía mundial se enfrente a un creciente riesgo de “desacoplamiento” entre ambos países ‒decoupling, elegida como una de las palabras del año en 2019 por el Financial Times‒, que se manifiesta en múltiples frentes, incluyendo los ámbitos geopolítico, comercial, tecnológico o multilateral.

25 aniversario de los mejores premios Óscar

Una propuesta para el debate lúdico en periodo de año nuevo: la ceremonia de los Premios Óscar de 1995 tuvo el mejor quinteto histórico de candidatas a la mejor película del año (sigue sin convencerme el formato actual de nueve candidatas). La lista de películas que no ganaron el Óscar es el mejor testimonio: no ganaron ni Cadena Perpetua (The Shawshank Redemption), ni Pulp Fiction –estas dos películas están en la mayoría de los listados de las mejores películas de la historia–, ni Cuatro Bodas y un Funeral, ni Quiz Show: el dilema. Han pasado ya 25 años y todas ellas son películas que retienen actualidad y que relanzaron o consolidaron la trayectoria de la mayoría de sus directores y principales actores. Tiene algo de rebuscado y es probablemente superfluo extraer elementos de estas películas que puedan utilizarse para consideraciones de política económica, pero ¿por qué no? Se puede intentar, al menos anecdóticamente.

Bancos centrales y cambio climático

Christine Lagarde ha declarado que quiere que el cambio climático se integre en las políticas del Banco Central Europeo (BCE). No se trata de un objetivo nuevo para los bancos centrales (destaca el impulso del Banco de Inglaterra), aunque sí incipiente y sujeto a un amplio debate, cuestionado, por ejemplo, por los gobernadores del Bundesbak o del Banco de Italia. Tampoco es un reto nuevo para Lagarde que ya venció resistencias para incorporar el cambio climático en la labor del FMI. La esperada revisión estratégica de la política monetaria del BCE (una actualización necesaria, tenido en cuenta que la última revisión es de 2003) es una buena oportunidad para modernizar los objetivos y las políticas del BCE incorporando el cambio climático.

El presupuesto del bienestar

Hay un amplio consenso en Economía en que las consideraciones de eficiencia no son suficientes para diseñar y evaluar las políticas económicas, sino que estas deben analizarse a partir de un marco más amplio que tenga en cuenta su impacto sobre la equidad, la inclusión o el bienestar de los ciudadanos. Los principales organismos internacionales que vigilan las políticas económicas de los países llevan ya años impulsando este enfoque, en especial la OCDE, que lanzó su Iniciativa para una Vida Mejor en 2011, y, en los últimos años, también el FMI. Este año, el gobierno de Nueva Zelanda ha logrado aprobar el primer presupuesto del bienestar, que la comunidad internacional está observando con interés, al ser el primer intento de plasmar el objetivo del bienestar en la política presupuestaria.