Autor: Pablo Moreno

Brexit: el orden de las votaciones importa

Theresa May ha planteado al Parlamento británico un esquema de tres votaciones consecutivas entre el 12 y el 14 de marzo para tratar de desbloquear el proceso del Brexit: voto a favor o en contra del acuerdo con la UE (el 12 de marzo), voto a favor o en contra de la salida de la UE sin acuerdo (el 13) y voto a favor o en contra de negociar una prórroga para el Brexit (el 14). En principio, el objetivo de este esquema es incentivar un voto favorable al Acuerdo con la UE, porque si el Parlamento rechaza el Acuerdo y también la salida sin acuerdo, entonces está destinado a la prórroga, con el riesgo de un segundo referéndum. Ahora bien, como veíamos en otra entrada, el orden de presentación de las votaciones no es irrelevante cuando se plantea una problema de intransitividad de las preferencias.

Felicidad y PIB

En la entrada anterior, estar feliz y ser feliz, veíamos la diferencia entre la felicidad “evaluada” (ser), es decir, el relato que hacemos sobre nuestra vida, y la “experimentada” (estar), referida a la frecuencia e intensidad de las sensaciones (como alegría, estrés, tristeza, afecto) que vivimos en el día a día. Desde la perspectiva de la felicidad experimentada, el objetivo debería ser maximizar la cantidad de nuestras experiencias futuras positivas. Sin embargo, en la práctica, la evaluada es la que domina en nuestra toma de decisiones sobrevalorando elementos como el nivel de renta, que a nivel agregado se puede extrapolar en una sobrevaloración del crecimiento del PIB como objetivo de política económica.

Estar feliz y ser feliz

El análisis de la felicidad suele distinguir entre dos tipos de felicidad muy distintos: la “evaluada” o recordada (ser), es decir, cómo evaluamos nuestra vida, la historia que nos contamos sobre ella, y la “experimentada” (estar), referida a la frecuencia e intensidad de las sensaciones (como alegría, estrés, tristeza, afecto) que vivimos en el día a día. La recordada es más determinante en nuestra toma de decisiones y, sin embargo, no es sensible al tiempo real de felicidad que nos reporta (lo infravalora). En línea con la propuesta de resolución de año nuevo de 2018 (menos maximizar y más satisfacer), para 2019, recordando lo que nos dice la teoría de la felicidad y recurriendo al refranero, una posible resolución sería: maximizar cuantitativamente los pequeños momentos de felicidad (maximizar los momentos de estar feliz).

Desigualdad horizontal

Además de la sorpresiva dimisión de su presidente el pasado 7 de enero, el Banco Mundial también ha iniciado el año editando su informe del otoño pasado Hacia un nuevo contrato social que aborda el problema de la desigualdad en Europa y en Asia central. El informe es particularmente rico en aportar datos e información sobre dos elementos: la desigualdad horizontal ‒es decir, la que se produce entre grupos de personas (por ejemplo, por generaciones, género, región, raza o etnia), que difiere de la vertical (entre individuos) ‒ y la percepción de los individuos sobre la desigualdad. Se argumenta que ambos factores deben tener un papel clave en el rediseño del contrato social.

Una foto de la fragmentación y polarización política en Europa

Los medios internacionales han recogido la obtención de escaños en Andalucía por parte de Vox como el fin de la excepción española al nacionalismo de derechas en Europa. Es un panorama muy sombrío que debe mantenernos alerta. En general, durante el siglo XXI estamos asistiendo a cambios fundamentales en el mapa político tradicional europeo en dirección hacia una mayor fragmentación y polarización política. Aunque es una tendencia bien conocida y repetida, no está de más reiterarla (con algunos números), para combatirla.

Estimando el impacto macroeconómico del proteccionismo y la incertidumbre

En la edición del pasado octubre del informe semestral de referencia del FMI, el World Economic Outlook, se destacaban tres riesgos principales para la economía global: el proteccionismo comercial, el tensionamiento en los mercados financieros y la incertidumbre sobre la política económica. Como abordábamos, son sobre todo riesgos políticos, porque dependen principalmente de decisiones de política económica en las grandes economías del mundo (como las medidas arancelarias de la administración Trump y las correspondientes represalias o la negociación del Brexit). En un intento de reforzar su mensaje, el Fondo ha estado intensificando la investigación sobre el impacto macroeconómico de estos riesgos y ha dedicado su conferencia anual de investigación, la Jackes Polak, del pasado 1 y 2 de noviembre o los efectos desbordamiento y la cooperación económica internacional, con varios documentos centrados en ellos. Sin perjuicio de las múltiples restricciones de este tipo de análisis, las estimaciones son útiles para el debate sobre los riesgos políticos.

Acción común vs. responsabilidad individual en la UE

Esta semana se ha presentado en el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo dos números de ICE, Revista de Economía, sobre el diseño de la Unión Europea (UE): uno sobre el Mercado Interior Europeo, 25 años después y otro sobre El futuro de la Unión Europea. Ambas ediciones dan una muy buena perspectiva sobre el estado actual del debate europeo en un amplio abanico de temas, incluyendo las políticas presupuestaria, fiscal y monetaria, la dimensión social europea, el mercado interior de bienes y servicios, la integración financiera, las políticas energética, comercial y de competencia, la política exterior o la reforma de las instituciones europeas. Aprovechando la coyuntura, sin ánimo de síntesis (desafortunadamente, no pude estar en la presentación, mejor ir directamente a los dos números) y confieso que con cierto interés personal (he coordinado el segundo), reitero aquí algunas consideraciones genéricas sobre la integración económica en Europa.

Trilemas en política económica

La “política económica” es primero “política”, es decir, administración para los ciudadanos (“politiké”) y, por tanto, envuelta en unos valores y una ideología acerca de los que se considera mejor para ellos; y segundo, “economía”, es decir, una herramienta para identificar el camino más apropiado hacia dichos objetivos. En línea con la primera de las 33 Tesis para la Reforma de la economía –que establece que ninguna meta económica puede separarse de la política–, las políticas económicas deben entenderse como recomendaciones establecidas a partir de unos valores, que se aplican en un contexto económico e institucional determinado. En este sentido, a partir del “trilema” (anglicismo) de valores libertad-igualdad-solidaridad, se puede establecer, aún a riesgo de simplificación, un esquema sobre los trilemas a los que se enfrenta la política económica.

“Football leaks”: ¿el retorno del doble irlandés?

El football leaks ha vuelto a poner sobre la mesa el problema de la falta de coordinación fiscal en Europa. El etiquetado como sistema de Mendes de elusión fiscal parece ser un nuevo ejemplo de los esquemas del tipo “doble irlandés” asociado a las multinacionales americanas, que aprovecharon los resquicios legales del sistema fiscal irlandés para eludir los impuestos de sus operaciones en Europa. Si bien Irlanda ha adaptado su regulación para evitar este tipo de elusión (eso sí, con una exención a las empresas ya establecidas hasta el año 2020), no basta con soluciones de país, el proyecto europeo exige acelerar y hacer más ambiciosa la agenda de coordinación de normas fiscales.

E-k-nomistas

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El número de académicos con la letra k en el apellido (“ekanomistas”) que han ganado el premio Nobel de economía es especialmente alto, son cerca de un quinto entre un total de setenta y ocho laureados. Estas cifras contrastan con la frecuencia de la k en el idioma inglés (0,8 por ciento), alemán (1,4), o español (0,01; es, junto con la w, la última letra en asiduidad en nuestro idioma, excluida incluso en el juego del Scrabble); solo en turco supera el 5 por ciento. La k está además omnipresente en la formulación en economía, al ser el grafema que designa el factor de producción del capital; y también aparece de manera central en la propia evolución de la ciencia económica, que se ha caracterizado por un movimiento pendular entre paradigmas de corte neoclásico (escuelas clásica, nueva síntesis, neoclásica, monetarista, ciclo económico real); y keynesianos, empezando por la K por excelencia, la de John Maynard Keynes, que da nombre a distintas escuelas que le suceden (keynesiana, postkeynesiana, neokeyne­siana, nuevos keynesianos).