Etiqueta: Política monetaria

La asignación de DEG y los límites nacionales de la política monetaria global

Este verano se va a aprobar una asignación general de Derechos Especiales de Giro (DEG) por valor de 650 mil millones de dólares para todos los países miembros del Fondo Monetario Internacional. Es un volumen considerable, muy superior a los 250 mil millones de dólares aprobado en 2009 en respuesta a la crisis financiera. Como política económica cumple los refranes de que “más vale tarde que nunca” y “más vale poco que nada”.

De repente, vuelve la inflación

Luego dicen que los debates entre los economistas no miran al futuro. Pues henos aquí, en medio de una calamidad sanitaria que hasta el momento ha acentuado las presiones a la baja sobre el nivel general de precios, poniendo al día nuestras ideas sobre la siguiente amenaza que se cierne sobre nuestro baqueteado devenir económico. La inflación monopolizó la atención de las políticas macroeconómicas en los años ochenta y su control a partir de mediados de los noventa nutrió las peligrosas veleidades del fin de los ciclos y la estabilidad perpetua con las que llegamos a la crisis financiera. Desde 2008, el riesgo de deflación o de una inflación positiva, pero estructuralmente demasiado baja, ha sido la principal preocupación de banqueros centrales, macroeconomistas y Gobiernos. Sin embargo, la combinación del Plan Biden con las perspectivas de fuerte recuperación económica de la mano de la vacunación han provocado un repunte de 75 puntos básicos en los tipos de interés a diez años del dólar desde principios de año (que refleja, en gran parte, una mayor inflación esperada) y un aluvión de artículos sobre el riesgo de que el fin de la pandemia traiga el principio de otra era de inflación.

La teoría monetaria de Maradona

Como homenaje a Maradona, resulta interesante recordar el uso del mejor gol de la historia como símil sobre la naturaleza de la política monetaria. Lo introdujo en 2005 el entonces gobernador del Banco de Inglaterra, Marvin King, quien utilizó el gol para describir lo que etiquetó como la teoría de Maradona de los tipos de interés. El símil se ha vuelto a emplear después, tras la crisis financiera global, para explicar con carácter más general, las ventajas para el banco central de tratar de incorporar las expectativas de los agentes en el propio diseño de la política monetaria. Por seguir con el juego de los vínculos con la economía, además de la gestión de las expectativas, probablemente, la principal lección que nos deja Maradona es la importancia del liderazgo en los objetivos de política económica.

Inflación media, empleo máximo (y II)

¿Pero será capaz la Fed de mantener la inflación media en el 2%? Adam Posen, el presidente del Instituto Peterson de economía internacional, inquiría a Richard Clarida con su habitual estilo incisivo en un evento celebrado hace unos días. ¡Pero si ya lo hicimos! En 2018 la inflación tocó el 2% y estuvo unos meses por encima, contestó el Vicepresidente de la Fed. En ese video quedaban claras cuáles van a ser las dificultades de la Fed para tener éxito en su nueva meta de inflación media. Como ya avanzábamos en la primera entrada, aunque el nuevo objetivo es la parte más sexy de la revisión de la estrategia de política monetaria estadounidense, la que tiene más miga es la del empleo máximo.

Inflación media, empleo máximo (I)

Esta vez no había boato en las montañas de Wyoming, ni cóctel de bienvenida para los asistentes a la gran cita anual de Jackson Hole. Pero el discurso inaugural del presidente de la Reserva Federal será recordado como el inicio de una nueva era en la política monetaria. Powell presentó las conclusiones del proceso de revisión de la estrategia de la institución, que ha durado casi dos años. Los cambios no son dramáticos y en gran medida eran esperados. Suponen la cristalización de la experiencia intensa de la conducción de la política monetaria estadounidense durante los años de Bernanke y Yellen. Institucionalizan una forma de actuar que la Fed ya viene aplicando (y que ha sorprendido en los últimos dos años), pero marcan también la dirección para el futuro que sin duda seguirán otros bancos centrales, empezando por el BCE que está también revisando su estrategia.

La política económica ante la epidemia de COVID-19

En tan solo tres semanas, la extensión de la epidemia de COVID-19 se ha convertido en una amenaza para la estabilidad económica y financiera global. La incidencia ha bajado de manera sostenida en China, tras la aplicación de medidas drásticas que han supuesto una paralización de la actividad económica durante varias semanas. Pero el desarrollo de focos de contagio comunitario en Corea del Sur, Italia e Irán y el rápido aumento de casos en otras economías europeas y en Estados Unidos ha producido un pánico en los mercados financieros que ha hecho saltar todas las alarmas. La Reserva Federal bajó la semana pasada los tipos de interés en una reunión extraordinaria y otros países han adoptado medidas monetarias, financieras y fiscales. No obstante, la sensación es que, más allá de los esfuerzos sanitarios, urge una respuesta de política económica contundente, coordinada y creíble.

La segunda reinvención de la política monetaria

La desaparición de Paul Volcker ha coincidido con lo que podría considerarse el fin de la época de dominación monetaria, iniciada con su llegada a la Fed en 1979. Tras años de operar en un entorno de confiada certidumbre, la última década ha estado marcada por la experimentación forzada, bajo el eufemismo de instrumentos no convencionales. Nadie sabe qué será de la política monetaria a partir de ahora. Un pensamiento inquietante si recordamos que ha sido el seguro más eficaz frente a las calamidades que nos han azotado en los últimos años. Podemos tratar de buscar alguna pista en dos piezas recientes que repasan con perspectiva la trayectoria de la política monetaria a ambos lados del Atlántico para sacar lecciones útiles para el futuro. La primera es el discurso de Bernanke ante la Asociación Americana de Economía; la segunda es un monumental artículo de varios economistas del BCE sobre las dos décadas de política monetaria única.

Bancos centrales y cambio climático

Christine Lagarde ha declarado que quiere que el cambio climático se integre en las políticas del Banco Central Europeo (BCE). No se trata de un objetivo nuevo para los bancos centrales (destaca el impulso del Banco de Inglaterra), aunque sí incipiente y sujeto a un amplio debate, cuestionado, por ejemplo, por los gobernadores del Bundesbak o del Banco de Italia. Tampoco es un reto nuevo para Lagarde que ya venció resistencias para incorporar el cambio climático en la labor del FMI. La esperada revisión estratégica de la política monetaria del BCE (una actualización necesaria, tenido en cuenta que la última revisión es de 2003) es una buena oportunidad para modernizar los objetivos y las políticas del BCE incorporando el cambio climático.

El vuelo del dodo

La conferencia de Jackson Hole de este año se ha centrado en los desafíos de la política monetaria. Como abordábamos, la política monetaria parece exhausta y ha perdido su capacidad para afectar a la demanda agregada y la inflación, de manera que, seguramente, la mejor alternativa es recurrir a la política fiscal y enterrar los mitos de la austeridad y la ineficiencia del sector público. Los banqueros centrales están buscando alternativas para ver cómo se puede recuperar la efectividad de la política monetaria, tanto por la vía de jugar con sus instrumentos actuales, como con propuestas más rompedoras  desarrollando nuevos instrumentos ‒por ejemplo, tipos de interés negativos o dinero tirado desde un helicóptero ‒ o intentando modificar las reglas de juego del sistema monetario y financiero internacional (SMFI), incluyendo la revisión de la dominancia del dólar estadounidense como la divisa central del SMFI, alternativa en la que ha insistido el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.

La ineficacia de la política monetaria, 40 años después

El cónclave anual de banqueros centrales en las montañas de Wyoming ha estado este año marcado por la melancolía. Solía ser la ocasión para grandes discursos, animadas discusiones y disquisiciones que fijaban la agenda para la vuelta al cole de los economistas y financieros. El título esta vez (Los desafíos de la política monetaria) y la revisión en marcha de la estrategia de la Reserva Federal habían generado expectativas, pero durante el fin de semana del 23 al 25 de agosto apenas se habló de política monetaria en la prensa y en las redes sociales. La tormenta de tuits del inquilino de la Casa Blanca y el G7 eclipsaron los mensajes de Jackson Hole. Por si fuera poco, Larry Summers se marcó un hilo de tuits en los que argumentaba de manera convincente por qué hemos llegado al declive de los bancos centrales (publicado también en forma de artículo junto a Anna Stansbury). Echando un jarro de agua fría a las expectativas generadas por los nuevos espasmos expansivos de la Fed y de otros bancos centrales, se pedía nada menos que una admisión de impotencia que acabara con estos años de omnipotencia monetaria y cediera el paso a la política fiscal.