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Los perdedores de la globalización y el riesgo político

Si los guiones de cine estuvieran en manos de economistas, las películas serían bastante raras: tendrían un elaborado principio e inmediatamente después un desenlace, y solo a posteriori, después de los títulos de crédito, se explicaría con detalle el argumento. El motivo es que los economistas, a la hora de analizar los efectos de cambios estructurales –como el comercio, la tecnología, o la integración o desintegración económica–, tienden a centrarse en la comparación de las situaciones inicial y final: el antes y el después. Sin embargo, es precisamente en la dinámica de la transición de un punto a otro cuando una película se arruina o se convierte en una obra maestra.

Theresa May en su laberinto

“Yo me he perdido en un sueño buscando algo que no existe”. En su novela El general en su laberinto, Gabriel García Márquez pone en boca de Simón Bolívar las palabras de desconsuelo de un libertador agotado, enfermo e incomprendido, que espera ansioso su nuevo pasaporte para volver a Europa.

Del mismo modo, la primera ministra británica se encuentra perdida en el sueño del Brexit, buscando algo que no existe: un Brexit blando con capacidad normativa, pero sin fronteras. Se veía a sí misma como la libertadora de un Reino Unido al que ayudaría a desembarazarse del yugo de la Unión Europea y “recuperar el control”.

La delgada línea roja contra el Brexit

A mediados del siglo XIX, en pleno declive del imperio otomano, el expansionismo de Rusia desencadenó la guerra de Crimea. Allí, durante la batalla de Balaklava, un regimiento de Highlanders del ejército británico tuvo que enfrentarse a una carga de la caballería rusa. Su inferioridad numérica les obligó a agruparse en una frágil doble fila de soldados que, provistos de sus rifles y sus emblemáticas casacas rojas –útiles para disimular la sangre del combate–, consiguieron resistir el ataque. Desde entonces La Delgada Línea Roja (The Red Thin Line) se usa como sinónimo de la valentía militar británica.

Hipócrates, la luna y el Libro Blanco del Brexit

Hipócrates de Quíos fue un matemático y astrónomo griego que vivió en el siglo V a.C. En su juventud había sido comerciante, pero, harto de sufrir los robos de piratas y funcionarios aduaneros corruptos, decidió dedicarse a la enseñanza. Uno de sus mayores descubrimientos fue el de las denominadas “lúnulas de Hipócrates”, áreas con forma de media luna adyacentes a un círculo y con un área equivalente a la de un triángulo interior. Entonces se creyó que la solución de Hipócrates permitiría desentrañar el hasta entonces irresoluble problema de encontrar, con regla y compás, un rectángulo con un área equivalente a la de un círculo –más conocido como el de la cuadratura del círculo.

“Full Monty” para las Islas Caimán

La rebelión de un pequeño grupo de diputados Tories ha obligado al gobierno de Theresa May a apoyar una enmienda legislativa que pretende meter en vereda a los paraísos fiscales que son territorios de ultramar de la Corona. Les conmina a crear un registro público de titulares beneficiarios de las sociedades y otras entidades constituidas en dichos territorios; si no lo hacen antes del 1 de enero de 2020, el Reino Unido adoptará una medida coercitiva para forzarles a crearlo. Entre los afectados estarían las Islas Caimán, uno de los mayores centros financieros off-shore del mundo (especializados en prestar servicios a no residentes).

Theresa May y el Gato de Cheshire

En Alicia en el País de las Maravillas, un libro publicado en 1865 por el escritor y matemático inglés Charles Dodgson –más conocido por su seudónimo de Lewis Carroll– y que está lleno de juegos lógicos, hay un pasaje en el que Alicia se encuentra en una encrucijada con el gato de Cheshire y le pregunta qué camino debe tomar. El gato, sonriendo desde lo alto de un árbol, le responde: “eso depende en gran medida de adónde quieras llegar”.

Una conversación circular parecida fue la que mantuvieron recientemente Theresa May y Angela Merkel –según relató esta última en un encuentro discreto con periodistas durante el Foro de Davos–. Al parecer, cada vez que la canciller alemana le preguntaba qué quería, May se limitaba a responder “¿qué es lo que me ofreces?”, en un bucle infinito.

El Brexit y la Ley de la Gravedad

En 1687 el matemático inglés Isaac Newton publicó un libro en el que demostraba que los cuerpos celestes se atraían entre ellos con una fuerza que era tanto mayor cuanto mayor era su masa y menor la distancia que los separaba. La bautizó como Ley de la Gravedad y estuvo vigente muchos siglos, pero fallaba al explicar algunos fenómenos. Tuvo que ser otro genio como Einstein el que, ya entrado el siglo XX, demostrara que la gravedad no era realmente una fuerza intrínseca a los propios cuerpos, sino el efecto que la masa de estos producía en la curvatura del espacio-tiempo –al igual que una pesada bola de acero depositada en el centro de una red consigue hundirla y hace que otras bolas menores que se depositen después sobre esa misma red se precipiten hacia ella–.

Teresa vs. Ángela: Brexit o el Juego del Gallina

A pesar de la complejidad y de las múltiples aristas que esconde el proceso de negociación del Brexit, han sido varios los analistas que se han preguntado si la Teoría de Juegos es capaz de proporcionar un marco analítico interesante para caracterizarlo y llegar, en su caso, a predicciones con las que enriquecer el debate (ver análisis en este sentido: aquí, aquí, aquí o aquí).

Para sentar las bases del juego debe empezarse por establecer sus elementos básicos: los jugadores, las estrategias disponibles a cada uno de ellos y los pagos o consecuencias que resultarían de cada par de estrategias. El paso final es resolver el juego, que dependerá de cómo esté configurada la acción, del nivel de información disponible y de la naturaleza de las tensiones estratégicas entre los jugadores.