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Un triste acuerdo para el Brexit económico

La Unión Europea y el Reino Unido han firmado un Acuerdo de Comercio y Cooperación que marcará el futuro de la relación económica bilateral en los próximos años. Si el Acuerdo de Retirada fue el marco jurídico para el Brexit político, este el marco jurídico para el Brexit económico.

El acuerdo es, sin embargo, de mínimos. Y no porque sea un mal acuerdo comercial, ya que incluye pesca y productos agrícolas (algo realmente infrecuente en acuerdos de libre comercio), además de comercio digital y algunos aspectos secundarios de servicios. Sería un buen acuerdo… si ahora mismo no tuviéramos ninguna relación con el Reino Unido. Pero no es el caso: es un acuerdo de mínimos porque el salto que va desde ser miembro de pleno derecho del mercado único a compartir un régimen preferencial sin aranceles mejorado es un salto de gigante. Pero hacia atrás.

Diez malentendidos sobre el Acuerdo de Brexit

A estas alturas del año uno preferiría escribir sobre los detalles del Acuerdo de Brexit que va a marcar la relación económica entre la UE y el Reino Unido en las próximas décadas, pero parece que para eso va a haber que esperar hasta el día de los Inocentes. Mientras tanto, creo conveniente recordar diez frecuentes malentendidos de los últimos meses respecto al Brexit y a un posible acuerdo.

El Brexit de las pequeñas cosas

Londres, una fría noche a finales de enero de 2021. George y Mildred están deseando tomar el avión y llegar a Alicante, donde tienen un pequeño apartamento en la playa. Desde que se jubilaron disfrutan de él varios meses al año, entre octubre y marzo, período durante el cual sólo vuelven al Reino Unido unos días por Navidad, para pasar las fiestas con sus hijos Michael y Hellen. Este año, a causa del COVID, se quedaron sin viaje y sin Navidad, así que la víspera de su vuelo a España aprovechan la relajación de las medidas impuestas por Boris Johnson a comienzos de diciembre para cenar todos juntos en familia.

El Brexit, la pesca y el general Moore

El 16 de enero de 1809 Sir John Moore, general del ejército británico responsable de las tropas desplazadas a España para ayudar a contener la invasión napoleónica, caía mortalmente herido en la batalla de Elviña, mientras defendía la costa gallega del ataque francés para poder evacuar a sus tropas.

Hoy, sin embargo, son los británicos quienes defienden hasta el último metro de su costa frente a la supuesta amenaza de los pescadores franceses y españoles, que tan sólo aspiran a seguir faenando después del Brexit como venían haciendo durante décadas. El problema es que en esta batalla se puede terminar torpedeando toda la negociación del Brexit.

Los acuerdos internacionales hay que cumplirlos

El artículo 26 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados de 1969 es corto, pero muy explícito: “Pacta sunt servanda. Todo tratado en vigor obliga a las partes y debe ser cumplido por ellas de buena fe”. Si el texto recoge literalmente esa expresión latina es porque constituye el principio más antiguo del derecho internacional: los acuerdos hay que cumplirlos.

Por cierto, ¿y el Brexit?

¡Qué tiempos aquellos en los que el desafío a corto plazo más importante para la Unión Europea era el Brexit, y no una pandemia mortal acompañada de una grave recesión económica! Pero el desafío del Brexit persiste y, tras la ruptura política del 1 de febrero de 2020, las negociaciones para fijar las condiciones de ruptura económica al final del período transitorio el 1 de enero de 2021 no van nada bien. Quedan menos de cinco meses para el Brexit económico, y es un buen momento para hacer un balance de situación, con diez elementos que conviene recordar.

¿Un Singapur sobre el Támesis?

En enero de 2017 la entonces primera ministra británica, Theresa May, dijo que el Brexit le daría al Reino Unido “la libertad de establecer tipos impositivos competitivos y adoptar políticas que atraerían a las mejores empresas del mundo”. Y añadió, amenazante: “Y si estuviéramos excluidos del acceso al mercado único, seríamos libres para cambiar las bases del modelo económico británico”. Allí surgió la idea de un “Singapur sobre el Támesis”, que resucita ahora para ensombrecer las negociaciones del Brexit.

La hoguera del Brexit y el hijo pródigo

Una mañana de enero de 1999 el entonces ministro de Economía de Luxemburgo –y luego presidente de la Comisión Europea–, Jean-Claude Juncker, quemó en el más absoluto secreto, y con ayuda del ejército, millones de billetes de una moneda que nunca llegó a utilizarse. Y, al hacerlo, pensó en el Reino Unido y en Europa.

El Brexit pasa a la segunda fase

Después de un largo esfuerzo para lograr algo muy difícil, el ser humano tiene la tentación natural de relajarse, de celebrar, olvidando que, muchas veces, lo más complicado viene después. Eso es precisamente lo que ocurre con el Brexit. Cuando el Reino Unido decidió en junio de 2016 abandonar la Unión Europea, lo lógico era pensar que cerraría rápidamente un Acuerdo de Salida para poder concentrarse en la dura negociación de un Acuerdo de Relación Definitiva. Pero como el Acuerdo de Salida acabó convirtiéndose en una interminable pesadilla, su desenlace ha hecho olvidar a muchos –como los que quieren repicar las campanas del Big Ben– que el Brexit no sólo no ha terminado, sino que lo complicado viene ahora. Como en un campeonato de fútbol, simplemente hemos pasado a la siguiente fase. Y los partidos que quedan son especialmente duros.

¿Por quién doblan las campanas del Big Ben?

En el año 384 Poncio Meropio Paulino, un senador romano de origen francés, decidió retirarse en Burdeos, donde conoció a una bella joven de Barcelona llamada Teresa. Por ella se convirtió al cristianismo, y con ella se casó y tuvo un hijo, que lamentablemente murió a los pocos días de nacer. La pareja, desolada, fue entonces a Barcelona, donde, durante una misa de Navidad, todos los fieles presentes, al grito de “¡Paulino, sacerdote!”, convencieron al exsenador para que se ordenase presbítero. Así lo hizo y, unos años después se mudó con su mujer a la ciudad italiana de Nola, donde, ya como obispo, introduciría el uso de campanas para los servicios religiosos. Pocos siglos después, toda iglesia tendría una, y por ello San Paulino de Nola es hoy el patrón de los campaneros.