Etiqueta: Macroeconomía

Ciclos en evolución

Las últimas tres décadas han sido pródigas en calamidades que han afectado a todas las economías desarrolladas. ¿Todas? No, ha habido una que se ha mantenido incólume durante la fiebre de las puntocom, la caída de las Torres Gemelas e incluso la Gran Recesión. Australia lleva más de veintisiete años de crecimiento sin incurrir en los consabidos dos trimestres consecutivos de caída del PIB real que definen una recesión. Aunque se trata de una economía excepcional por muchos motivos, la experiencia australiana es útil para recordarnos que, si bien los ciclos nunca mueren, distan mucho de ser patrones que se repiten con regularidad y rasgos similares. Esta idea viene a cuento de la proliferación de pronósticos de una recesión próxima en Estados Unidos y el área euro, después del empeoramiento abrupto de las perspectivas económicas y financieras desde el otoño de 2018.

¿Se cierran las brechas?

Hay historias en las que el protagonista principal apenas se deja ver. En El sabueso de los Baskerville, el personaje central es un enorme animal, mitad perro, mitad bestia, que lleva persiguiendo durante generaciones a los miembros de una desdichada familia. Nadie lo ha visto, pero deja sus huellas en el páramo de Devonshire y condiciona la vida de sus habitantes. En macroeconomía sucede algo parecido con la producción potencial y la brecha de producción (también conocida como output gap).

Nostalgia de aquel BIS

Durante los primeros años del siglo, en los que la crisis se iba fraguando ante la complacencia general, todas las instituciones financieras internacionales andaban en la inopia. ¿Todas? No. Un pequeño grupo de economistas irreductibles, parapetado en Basilea, alertaba de los peligros que acechaban tras la apariencia de estabilidad y gran moderación. Mientras en Washington D.C. el departamento monetario y de mercado de capitales del FMI, siempre cercano a los susurros de la banca de inversión, alababa la titulización, los informes anuales del Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés), trataban de destilar a Minsky y a Hayek para recomendar activismo contra los desequilibrios futuros. Hace unas semanas, el venerable banco de bancos publicó un nuevo informe anual, en el que se evalúan algunos de los progresos realizados en los últimos años y se analizan nuevos desafíos.

E-k-nomistas

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El número de académicos con la letra k en el apellido (“ekanomistas”) que han ganado el premio Nobel de economía es especialmente alto, son cerca de un quinto entre un total de setenta y ocho laureados. Estas cifras contrastan con la frecuencia de la k en el idioma inglés (0,8 por ciento), alemán (1,4), o español (0,01; es, junto con la w, la última letra en asiduidad en nuestro idioma, excluida incluso en el juego del Scrabble); solo en turco supera el 5 por ciento. La k está además omnipresente en la formulación en economía, al ser el grafema que designa el factor de producción del capital; y también aparece de manera central en la propia evolución de la ciencia económica, que se ha caracterizado por un movimiento pendular entre paradigmas de corte neoclásico (escuelas clásica, nueva síntesis, neoclásica, monetarista, ciclo económico real); y keynesianos, empezando por la K por excelencia, la de John Maynard Keynes, que da nombre a distintas escuelas que le suceden (keynesiana, postkeynesiana, neokeyne­siana, nuevos keynesianos).

Macroeconomía sin consensos (¿ni cimientos?)

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La política macroeconómica aplicada tras la crisis financiera global ha roto con todas las prescripciones que se habían asentado entre académicos y gestores, sintetizadas en los denominados consensos de Washington y el de Jackson Hole. En general, se reconoce que para salir de la crisis era necesario desviarse de los consensos estirando los límites de las políticas monetaria y fiscal expansivas, pero la gestión de la macro ha sido objeto de una continua controversia durante estos años, que se acentúa a medida que las políticas empiezan a mostrar síntomas de agotamiento y la economía global tan solo registra una moderada recuperación. El mundo académico va por detrás de los gestores, aprendiendo del impacto de las políticas aplicadas, sin aportar tampoco un nuevo consenso, e incluso, con nuevas aportaciones que van en la dirección de cuestionar los cimientos que han dominado la investigación macro durante décadas.