Autor: Gonzalo García Andrés

La oportunidad de Meseberg

Todo empezó en el verano de 2008 cuando Hank Paulson pidió al Congreso americano con su voz grave que le dieran un bazooka para estabilizar las agencias hipotecarias. Desde entonces, se fijó la idea de que para acabar con una crisis financiera lo que se necesita es dinero, mucho dinero. Este enfoque, aplicado al área del euro, ha degenerado en un debate estéril sobre qué países pagan y qué países gastan, programas de rescate, supuestas transferencias de renta y otras zarandajas. A pocos días del Consejo Europeo que debe aprobar las medidas para que el euro se haga definitivamente grande, se aprecian indicios esperanzadores. La declaración franco-alemana de Meseberg queda lejos del gran impulso que pedimos muchos, pero abre la puerta a avances no desdeñables en la construcción de instituciones comunes para la unión monetaria.

Cuatrocientas mil razones al día

La voluntad de los padres de mejorar las condiciones de vida de sus hijos es una de las fuerzas motrices del progreso humano. Las posibilidades de lograrlo se ven frustradas en muchas ocasiones por el peso de la lotería del nacimiento. A pesar de la determinación de las personas más desfavorecidas para mejorar su suerte, gran parte de las oportunidades de cada niño y niña que viene al mundo para crecer sano y realizarse como persona están condicionadas por el número que les depare el bombo: quiénes son sus padres, qué nivel educativo y de renta tienen, dónde viven… La interrelación de estas dos cuestiones se plasma en el concepto de movilidad social, que pretende ofrecer una visión dinámica de la evolución económica de cada generación. El Banco Mundial publicó hace unas semanas un ambicioso trabajo sobre la movilidad social en el mundo en las últimas décadas, que pretende investigar el patrón global que ha seguido y las políticas necesarias para alimentarla.

“Full Monty” para las Islas Caimán

La rebelión de un pequeño grupo de diputados Tories ha obligado al gobierno de Theresa May a apoyar una enmienda legislativa que pretende meter en vereda a los paraísos fiscales que son territorios de ultramar de la Corona. Les conmina a crear un registro público de titulares beneficiarios de las sociedades y otras entidades constituidas en dichos territorios; si no lo hacen antes del 1 de enero de 2020, el Reino Unido adoptará una medida coercitiva para forzarles a crearlo. Entre los afectados estarían las Islas Caimán, uno de los mayores centros financieros off-shore del mundo (especializados en prestar servicios a no residentes).

El grifo del dólar empieza a cerrarse

La rentabilidad de los bonos del Tesoro americano a diez años ha superado en los últimos días el 3,10%. Es el nivel más alto desde hace siete años. En el verano de 2016 cayó por debajo del 1,5%. En estos dos años, la deuda pública de Estados Unidos se ha abaratado, su precio ha caído, resultando más rentable para los potenciales compradores. A quien haya seguido el debate sobre el estancamiento secular, no le extrañará que esta subida pueda llegar a ser saludable; un síntoma de que estamos dejando definitivamente atrás las rémoras de la crisis. Pero atención, los recuerdos de episodios pasados similares son bastante oscuros: la crisis de la deuda externa a principios de los ochenta, el desplome de los mercados de renta fija en 1994 o el berrinche que sufrieron los emergentes hace justo cinco años cuando la Fed anunció una reducción gradual en sus compras de activos. La pregunta es ¿está preparada la economía mundial para vivir con tipos más altos?

Georgescu-Roegen, un gigante al que subirse

Paul Samuelson, uno de los economistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, dijo de él que era economista de economistas y académico de académicos. Además, retó a cualquier economista informado a permanecer complaciente después de meditar sobre su ensayo Economía Analítica (1966). Muchos años antes de la economía del donut, Nicholas Georgescu-Roegen (G-R) llamó la atención sobre las bases biológicas del proceso económico y la necesidad de tomar en cuenta el uso cada vez más intensivo de recursos naturales finitos y el efecto de los residuos generados durante la producción. Su obra es una mina de ideas para los economistas; sin embargo, sigue siendo una figura marginal, sobre la que difícilmente oirá hablar un estudiante de la disciplina durante sus años de carrera.

Civismo y Estado del bienestar

Frente a la tormenta perfecta que ha tenido que afrontar el Estado de Bienestar en España durante la última década, algunos partidos políticos y organizaciones sociales han hecho de su defensa una bandera. Esta reacción es comprensible y, en el corto plazo, puede haber contribuido a limitar los daños. Pero como en muchas otras cosas, la pulsión conservadora es insuficiente para afrontar los retos futuros. Tomando en cuenta las consecuencias sociales de la crisis, el envejecimiento de la población y la incertidumbre sobre el impacto de la digitalización en el empleo el objetivo para España debería ser ampliar y profundizar nuestro Estado de Bienestar.

El monopsonio y la devaluación del trabajo (y II)

En su libro Monopsony in Motion: Imperfect Competition in Labor Markets (2003) el catedrático de la London School of Economics Alan Manning propone abordar el análisis del mercado de trabajo bajo las dos premisas del monopsonio: existen fricciones importantes y las empresas fijan los salarios. Desde la perspectiva de la política económica, la competencia imperfecta tiene, como vimos en la primera entrega de esta entrada, un coste neto de bienestar, alterando el efecto de las intervenciones en el funcionamiento del mercado. Aunque las implicaciones son múltiples nos centraremos en tres: el salario mínimo, la política de la competencia y las medidas contra la discriminación salarial por razón de sexo.

El monopsonio y la devaluación del trabajo (I)

En Tocando el viento, una película de 1996 dirigida por Mark Herman, se narra la lucha infructuosa de un grupo de mineros y sus familias en un pueblo del norte de Inglaterra para mantener sus empleos y su banda de música. Al final ganan el concurso de orquestas en el Royal Albert Hall, pero acaban claudicando frente a la empresa, pues no tienen alternativa. Es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando las empresas tienen poder de mercado como demandantes de trabajo, un tipo de estructura de mercado que nuestra vieja amiga la Señora Robinson bautizó como monopsonio. La investigación reciente apunta a un aumento de su incidencia en Estados Unidos y Europa, lo que podría explicar una parte de la brecha entre el crecimiento de los salarios reales y la productividad, con implicaciones de calado para la política económica.

Salir de las trincheras del contrato único

Desde que se formuló hace ya casi diez años, la propuesta del contrato único ha generado enconados debates. Sus promotores, economistas académicos, han seguido puliendo sus contornos y tratando de evaluar sus posibles resultados, pero hasta ahora con insuficiente apoyo político y de los agentes sociales. Sin embargo, hay algunos síntomas de que la deliberación pública sobre los problemas del mercado de trabajo español podría desbordar las posiciones férreas a favor y en contra del contrato único. En su proposición de Ley para luchar contra la precariedad laboral registrada en el congreso este martes y presentada en un acto el pasado sábado, Ciudadanos ha incluido algo que sigue llamando contrato único, pero que en realidad es la supresión de los contratos temporales. ¿Aplaudirán los sindicatos y los partidos de izquierda?

Myrdal: la actualidad del economista moral

En 1954 el Tribunal Supremo de Estados Unidos adoptó una de sus decisiones más trascendentes del siglo XX, la de Brown contra el Consejo de Educación, que declaró inconstitucional la segregación en la educación pública. En la sentencia, los jueces introdujeron como elemento determinante el daño psicológico irreversible que podría causar a los niños la separación por razas, apoyándolo en la investigación reciente en ciencias sociales. En esa famosa nota al pie número 11, el último de los trabajos citados era An American Dilemma, publicado por el economista sueco Gunnar Myrdal diez años antes. Encontré uno de sus últimos libros publicados (Against the stream, 1972) en una librería de segunda mano del Eastern Market en Washington D.C. y me ha llamado la atención lo pertinentes que son sus preocupaciones para los debates actuales.