Etiqueta: Crecimiento

Más allá de la austeridad: hacia un New Deal global

“Insistir en que ‘no hay alternativa’ es un eslogan político anticuado. En todas partes la gente quiere lo mismo: un trabajo decente, un hogar seguro, un medio ambiente saludable, un futuro mejor para sus hijos y un gobierno que escuche y responda a sus preocupaciones: en realidad, quieren un acuerdo distinto al que ofrece la hiperglobalización”.

Estas palabras pertenecen a la introducción del Informe sobre Comercio y Desarrollo de la UNCTAD (la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) publicado en septiembre de 2017 y que lleva por subtítulo “Más allá de la austeridad: hacia un New Deal global”, por lo que nos vemos obligados –por alusiones– a hacer un análisis del documento. Y el resultado no solo es de lo más interesante, sino que el Informe de la UNCTAD resulta ser uno de los documentos oficiales más atrevidos que hemos visto en los últimos años.

Apuntes sobre estancamiento secular (V). Factores depresores de la demanda: acelerador financiero y demanda agregada

En la línea clásica de Minsky (teoría financiera de la inversión), y los desarrollos posteriores de Bernanke, Stiglitz y otros (acelerador financiero), podemos identificar el sistema crediticio como una fuente potencial de aceleración de demanda: como regla general, podemos afirmar que cuando el crédito crece por encima del crecimiento del PIB nominal (o renta disponible o demanda agregada), se convierte en un factor autónomo de impulso de la demanda agregada. Esencialmente, el aumento del crédito por encima del nivel inercial en que simplemente “acompaña” al crecimiento económico, supone que esa variable hace posible gasto más allá del que permitiría el aumento de la renta disponible [nota: por simplicidad, lo que sigue se centra sobre el crédito bancario]

Apuntes sobre estancamiento secular (IV): Factores depresores de la demanda: los avances tecnológicos

Además de la demografía, que analizábamos en la entrada anterior de esta serie sobre el estancamiento secular, el progreso tecnológico también está teniendo un sesgo depresor de la demanda agregada en tiempos recientes. Esto es particularmente atribuible a la incidencia conjunta de dos variables: la digitalización de información y la interconexión generalizada de buena parte del planeta a través de Internet.

Apuntes sobre estancamiento secular (III): Factores depresores de la demanda: la demografía

Tras repasar las características de la función de inversión en la hipótesis del Estancamiento Secular, potencialmente explicativas (con un importante matiz) de la evolución reciente de esa variable, entramos ahora en el núcleo de esta hipótesis: los factores que podrían estar presionando a la baja sobre la demanda agregada, frenando la inversión o elevando el ahorro (es decir, reduciendo el consumo).

¿Emerge África?

En la reciente Celebración en Abidján de la segunda Conferencia sobre la Emergencia en África organizada por el PNUD, el objetivo de la mayor parte de los países asistentes era poder entrar en un plazo relativamente corto en la clasificación de país emergente. Los líderes africanos daban definiciones genéricas de lo que se considera por este término: aquel que tiene una elevada tasa de crecimiento del PIB, que se diversifica, que ve aumentar sus infraestructuras, que ve crecer la clase media, y que desarrolla los servicios sociales como la salud y la educación en el marco de una economía abierta. El Presidente de Costa de Marfil, anfitrión de la conferencia, citaba entre las risas de los asistentes la respuesta de un ciudadano en una encuesta: “Emerger es cuando tienes la cabeza dentro del agua y la sacas”

La trampa del crecimiento económico

En el debate sobre desigualdad y crecimiento hay dos mantras comunes: “primero crecer y después distribuir” (el famoso efecto goteo cercano a las tesis liberales) y “el crecimiento es condición necesaria, pero no suficiente para distribuir” (cercano a tesis más socialdemócratas). Creo, sin embargo que los dos pecan de un mismo problema. En ambos, el crecimiento económico aparece como algo positivo en sí mismo, y la desigualdad tiene un tratamiento subsidiario, en el sentido de que aparece como un condicionante a tener en cuenta únicamente en cuanto pueda afectar al crecimiento. Entre crecimiento y distribución no cabe la idea de una relación secuencial; es una relación de simultaneidad. (Me sumo así al debate abordado por este blog en estas entradas: 1, 2, y 3)

Desigualdad, evidencia empírica y política económica

En las últimas semanas ha habido un interesante debate sobre desigualdad, crecimiento y bienestar en prensa y blogs, fundamentalmente entre los economistas Juan Ramón Rallo y Manuel Hidalgo (con Romero, López, Díaz y Barragué), en esta secuencia: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8, complementados desde nuestro blog con este artículo y este otro.

Las discusiones han sido intensas. El problema es que la economía está llena de matices y no siempre estos se perciben en las discusiones. Por eso creemos que es bueno intentar contribuir al debate y hacer un balance de lo que hoy en día podemos considerar hechos estilizados en el ámbito de la desigualdad de rentas y el crecimiento (dejamos fuera el ámbito de la relación entre desigualdad y felicidad por no alargar el post), para después hacer unas reflexiones sobre el propio debate, la evidencia empírica y la política económica.

Combatir la pobreza reduciendo la desigualdad

Durante muchos años el análisis de la distribución de la renta y de la desigualdad tuvo un carácter secundario dentro la teoría económica, y generalmente se estudiaba dentro de las teorías del desarrollo, es decir, en el marco de comparaciones entre países. La convicción general de que para poder redistribuir la riqueza había que generarla primero hizo que el análisis del crecimiento y sus determinantes acaparara gran parte de la atención académica.

Pero los tiempos cambian, y hoy en día el estudio de la desigualdad es uno de los ámbitos de investigación económica más pujantes. Autores como Thomas Piketty o Branko Milanovic –dignos herederos del gran Tony Atkinson– aparecen hoy en las listas de economistas más influyentes y sus libros en las listas de los más vendidos.

No obstante, aún son muchas las voces que defienden que lo importante no es combatir la desigualdad, sino terminar con la pobreza. Los argumentos empleados, sin embargo, suelen adolecer de tres errores: confundir la desigualdad a nivel internacional con la desigualdad interna o intranacional, subestimar la relación entre desigualdad y crecimiento y sobreestimar la relación entre redistribución y crecimiento.