¿G20 o G19?

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInEmail this to someonePrint this page

La cumbre del G20 de Hamburgo (7-8 de julio) ha logrado sostener el paso de la reforma del orden económico internacional a base de una doble estrategia: en los temas donde es posible consenso, se mantiene la tónica de los últimos cinco años, en los que cada cumbre aporta algún elemento incremental construyendo sobre lo heredado de la cumbre anterior (en este caso, destaca el reforzado énfasis en la inclusión); y en los temas más conflictivos desde la llegada de la administración Trump, se avanza sin EEUU en el caso del clima, y en comercio, se opta por hacer una agenda más compleja que tenga en cuenta las distintas sensibilidades. En este sentido, la noticia puede ser cínicamente optimista: Trump no ha roto los esquemas; pesimista: el G20 no sirve para nada, es un instrumento para preservar el statu quo; o moderadamente optimista/pesimista: se avanza en algunas direcciones adecuadas, pero no en todas y a ritmo lento (acaso inevitable, en el G20 los grandes acuerdos se han dado en los momentos de más tensión).

En los temas ya clásicos que han marcado la agenda del G20 desde la primera cumbre en 2008 ‒estrategias de crecimiento, reforma financiera y arquitectura financiera internacional y política de desarrollo‒ se han dado pocos pasos, si bien destaca el énfasis en la inclusión que queda impregnada como objetivo transversal en las distintas acciones del G20. La estrategia de crecimiento sigue marcada por una combinación de impulso macroeconómico para mantener la recuperación cíclica ‒gradual salida de la expansión monetaria y políticas fiscales orientas al crecimiento a largo plazo‒ y el denominado marco para el crecimiento, que básicamente recoge las reformas estructurales a las que se comprometen los países (marco voluntario sometido a una presión inter pares mínima). Lo más relevante aquí es que se constata que no se alcanzará el objetivo “2 en 5” que se fijó en 2014 ‒aumentar la senda de crecimiento del PIB conjunto del G20 en 2 puntos porcentuales con un horizonte de cinco años hasta 2018 (al final se quedará en algo más de la mitad) ‒. El resultado es una nueva vuelta de tuerca con el Plan de Acción de Hamburgo con nuevos compromisos de reformas por parte de los distintos países.

Sin novedades en la reforma financiera, llevamos ya tres años en el que el lenguaje predominante es culminar la implementación y valorar y calibrar las reformas adoptadas, que, por otro lado, es lo que corresponde. En arquitectura financiera internacional, de nuevo apoyo a una nueva reforma de cuotas del FMI (para 2019) y continúa el progreso con la iniciativa BEPS de la OCDE para evitar la elusión fiscal (imposición donde se genera la actividad), si bien decepción en los avances con la lista negra de paraísos fiscales. La principal novedad está en las estrategias de desarrollo con el impulso de un nuevo Acuerdo África con el objetivo de coordinar los distintos esfuerzos de desarrollo bilaterales y multilaterales a través de paquetes específicos por país (el Compact) para potenciar la inversión (sobre todo privada) en los países participantes.

En todos estos temas, hay un insistente énfasis en un crecimiento que sea inclusivo. Se trata de un objetivo sobre el que el G20 viene hablando sobre todo desde 2012, con el foco puesto principalmente en el empleo de calidad y en la igualdad de género. Este foco se mantiene y se enfatiza, incluyendo, por ejemplo, una nueva iniciativa con hasta 1.000 millones de dólares para apoyar proyectos empresariales liderados por mujeres (We-Fi) o el papel central que debe jugar la educación y el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación. Se aborda también la importancia de la integración de los inmigrantes, incluyendo un proyecto de marco para su integración eficiente en el mercado laboral, si bien dejando claro que es una política de país vinculada a la seguridad nacional y acentuando la importancia de actuar con políticas de apoyo al desarrollo de los países emisores. Otro objetivo horizontal en el que ha puesto especial acento la presidencia alemana ha sido la lucha contra la corrupción, aprobando hasta cuatro principios de alto nivel en los ámbitos de estructura anticorrupción, responsabilidad de personas jurídicas, aduanas, y comercio de fauna silvestre.

Respecto a los temas más contenciosos (clima y comercio), en cambio climático se opta por tomar nota explícitamente de que EEUU abandona el Acuerdo de París y el resto de países reafirman su compromiso y refuerzan el rumbo con un nuevo plan de acción sobre clima y energía, incluyendo una cooperación reforzada para cumplir los objetivos y el propósito de movilizar 100.000 millones de dólares al año en recursos públicos y privados para países en desarrollo, que se hace ampliable de 2020 a 2025.

El comercio es una de los temas a los que más se dedica el comunicado de Hamburgo, adquiriendo un protagonismo del que ha carecido en ediciones anteriores ‒desde 2008, el G20 ha hecho poco más que evitar el proteccionismo y el comercio se ha bilateralizado/regionalizado‒. Empieza en el propio preámbulo reconociendo que la globalización (y el cambio tecnológico), aun positiva en términos agregados, crea perdedores (“sus beneficios no han sido compartidos de manera suficientemente amplia”) y hay que “moldearla en beneficio de todas las personas”. La estrategia en comercio se sintetiza en el segundo párrafo tras el preámbulo: el G20 se compromete a mantener los mercados abiertos bajo el principio de no discriminación y a “continuar la lucha contra el proteccionismo, incluyendo todas las prácticas comerciales injustas y reconociendo el papel que pueden jugar en este sentido los instrumentos de defensa comercial legítimos”.

Se adopta, por tanto, el principio general contra el proteccionismo pero se asume la posible revisión de determinadas prácticas, incluyéndose explícitamente en el comunicado varias de ellas: una negociación específica en la industria del acero en el Foro global sobre el exceso de capacidad en esta industria (especial preocupación de EEUU); la promoción de estándares laborales y sociales (en otras palabras, dumping social) en las cadenas globales de producción, incluyendo la declaración tripartida de principios para empresas multinacionales de la OIT; la protección efectiva del consumidor y la propiedad intelectual; o la revisión en la OMC del comercio electrónico. El comunicado incluye además una llamativa defensa del papel de la OMC y del comercio internacional basado en reglas (EEUU ha amenazado con unilateralizar sanciones sin pasar por el mecanismo de resolución de disputas de la OMC). En fin, esfuerzos encaminados a mantener un marco común y evitar el riesgo de una guerra comercial.

Volviendo a la caracterización del G20 de Hamburgo, moderadamente optimista, el G20 es un foro necesario y, de momento, ha conseguido mantener su utilidad.

 

PD: Especialmente bueno el G20 Information Center para seguir la documentación del G20.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInEmail this to someonePrint this page

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *