El Índice de Gini en España en cinco gráficos

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La crisis ha tenido un importante impacto sobre el crecimiento de la desigualdad en España. Una lectura de distintos indicadores del índice de Gini dibuja una economía en la que ha crecido la desigualdad de la renta disponible desde 2007 como consecuencia del desempleo, pero también de la mayor dispersión salarial en el nuevo empleo creado y de una estructura de transferencias sociales que es especialmente poco efectiva en la corrección de la desigualdad si se compara con los países de nuestro entorno. Como nota positiva, nuestra desigualdad es relativamente menor cuando se mide en términos de riqueza.

El coeficiente de Gini (por el estadístico italiano Conrado Gini) es un indicador de la desigualdad que mide el grado de dispersión en el nivel de renta (o de la variable que se esté considerando) entre un grupo de población determinado. El coeficiente es un número entre 0 y 1, cuanto mayor es el coeficiente, mayor es la desigualdad –cuando todos los individuos tienen la misma renta su valor es “0” y cuando la concentra un solo individuo su valor converge a “1” (el índice de Gini es el coeficiente de Gini expresado en base 100) –. Los cinco gráficos siguientes reflejan los valores del índice de Gini para distintas variables, incluyendo, renta disponible (con y sin transferencias sociales), salarios y riqueza, lo que permite ver la evolución y los factores que influyen en el crecimiento de la desigualdad, así como el impacto de las transferencias públicas en su corrección.

  1. Como consecuencia de la crisis, la desigualdad ha aumentado sostenidamente en España. El gráfico 1 refleja la evolución del índice de Gini de la renta disponible después de impuestos sin incluir las transferencias sociales, en otras palabras, aproxima la renta de mercado corregida por los impuestos. En España ha crecido significativamente desde 2008 acercándonos a los niveles medios de la zona del euro, donde es elevada, por ejemplo, en países como Alemania, Francia, Grecia, Irlanda o Portugal, en los que se corrige sustantivamente la desigualdad a través de las transferencias sociales (ver gráfico 5). En España la desigualdad ha crecido notablemente como consecuencia de factores como el muy elevado desempleo de nuestra economía, que duplica los niveles medios de la zona del euro, o la caída de las rentas salariales frente a las rentas de capital (al estar los salarios mejor distribuidos que las rentas del capital, una caída de la proporción de los salarios aumenta la desigualdad). Ahora bien, como se observa en el gráfico 2, otro elemento importante en el crecimiento de la desigualdad ha sido la evolución de los propios salarios.


Fuente: Eurostat

  1. La desigualdad también ha crecido entre los asalariados. El grafico 2 refleja el índice de Gini de las rentas salariales (calculado a partir del decil salarial de la EPA), que ha crecido también de manera persistente durante la crisis, incluso en los años de recuperación a partir de 2014, lo que refleja una mayor dispersión salarial en los nuevos empleos creados, muchos de ellos con remuneraciones muy bajas. Esta dispersión se concentra en el sector privado, así, el nivel de desigualdad es menor entre los empleados públicos. Atendiendo a los distintos tipos de contratos, la desigualdad es mayor entre los asalariados a tiempo indefinido que entre los trabajadores temporales, lo que es consistente con la mayor dispersión salarial en el caso de los primeros, pero, curiosamente, es mayor entre los trabajadores a tiempo parcial que entre los trabajadores a tiempo completo.

Fuente: EnClave (a partir de datos EPA)

  1. y 4. Las políticas de transferencias durante la crisis nos han llevado a un creciente distanciamiento en los niveles de desigualdad con Europa. Los gráficos 3 y 4 reflejan la evolución del índice de Gini de la renta disponible cuando se tienen en cuenta las transferencias, tan solo las pensiones (grafico 3), o el conjunto de las transferencias sociales (incluyendo desempleo, viudedad/orfandad, incapacidad, vivienda: gráfico 4). Llama la atención que España, que desde 2007 tiene una desigualdad en términos de renta disponibles después de impuestos que se sitúa por debajo de la media de la zona del euro (gráfico 1), pasa sin embargo a tener unos niveles de desigualdad mayores que los europeos (crecientemente mayores) cuando se incluyen las transferencias sociales (gráficos 3 y 4). Esto indica que nuestra política de gasto en transferencias sociales tiene un impacto redistributivo mucho menor que la de nuestros socios europeos. La distancia con la zona euro se agranda al incluir las transferencias distintas de las pensiones, de forma que la capacidad redistributiva del resto de transferencias sociales es aún menor. Esto es consistente, entre otros elementos, con el reducido tamaño relativo de nuestro presupuesto, con una presión fiscal y unos niveles de gastos público que se sitúan, respectivamente,  7 y 5 puntos porcentuales del PIB por debajo de la media europea.

Fuente: Eurostat: 3, 4

  1. En comparación con los países de nuestro entorno, tenemos una desigualdad elevada de la renta, tanto en la distribución de mercado, como después de impuestos y transferencias, si bien es reducida en términos de riqueza. El Grafico 5 refleja los índices de Gini calculados con la riqueza de las familias, la renta de mercado antes de impuestos y la renta disponible después de impuestos y transferencias –es decir, el Gini de mercado corregido por la política presupuestaria (las barras reflejan el nivel de corrección)–. Tenemos una desigualdad elevada por la distribución del propio mercado y sigue siendo elevada tras el efecto corrector de impuestos y transferencias. La corrección de la desigualdad de nuestro sistema presupuestario (medido en el gráfico por las barras) se sitúa en el tramo intermedio, por debajo de los países grandes de la zona del euro (Alemania, Francia e Italia), pero también por debajo de otros como Irlanda, Grecia o Portugal. España destaca por ser de los países con un índice de Gini más bajo de la riqueza, asociado al mayor peso relativo del capital inmobiliario frente al capital financiero en la riqueza de las familias (lo que está vinculado con la mayor propensión a la propiedad frente al alquiler de vivienda en comparación con otros países, y con el fuerte crecimiento del valor de la vivienda, aun descontando la burbuja).


Fuente: OCDE, GWR (datos de riqueza de 2015)

En definitiva, estamos teniendo una salida de la crisis con mayor desigualdad y tenemos un presupuesto especialmente ineficaz para corregirla. Se trata de una tendencia que hay que corregir, más aún cuando en 2017 vamos camino del tercer año consecutivo de un fuerte crecimiento por encima del 3 por ciento del PIB. Como ya se señalaba en esta otra entrada, no basta solo con crecer, el objetivo de la política económica debe ser un tipo de crecimiento que sea más equitativo y que mejore la distribución de la renta, lo que se traduce en políticas que introduzcan, por ejemplo: una mayor presión fiscal y gasto público, una mayor progresividad de los impuestos (incluida la imposición sobre la riqueza) y de las transferencias sociales, o regulaciones e incentivos que reduzcan la dispersión salarial.

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4 comentarios para “El Índice de Gini en España en cinco gráficos

  1. juan
    20/07/2017 at 08:54

    En mi opinión esa combinación de alta desigualdad de rentas y baja (en términos relativas) de riqueza es endiablada y más aún cuando se añade el factor generacional. Por eso la aplicación de un modelo de RB como la propuesta por Raventós y compañías con 2-3 deciles de renta perjudicados y 7-8 beneficiados sobre el papel puede ser razonable pero al bajar al suelo de los detalles puede generarse un efecto ayudar al que tiene a que tenga más a costa de dificultar que pueda tener algo al que empieza.
    Un joven de familia pobre que vía esfuerzo saque pronto unas oposiciones del grupo A1, enseguida estará en los deciles que financian la RB, y un prejubilado a los 60 años con algún ERE generosos, 1400 euros de pensión, piso, casa en su pueblo y apartamento en la playa pagados será beneficiario de la RB. Es decir, se ayudará a vivir más desahogadamente al que tiene cientos de veces más patrimonio que el que empieza simplemente por tener una renta un 30% inferior.

    A día de hoy donde vemos que los principales partidos ven con alegría una reanimación del ladrillo estremece ver que va a seguir canalizándose el ahorro/riqueza a algo que ni es líquido, ni fomenta la economía real en nuevos sectores productivos, ni es realmente “disfrutable”. Pocas personas de 80 años están en condiciones de buena independencia vital para disfrutar de 3 inmuebles en diferentes localizaciones.

    Respecto a la recomendación del artículo respecto de la imposición de la riqueza habría que ver las reacciones si realmente se empieza a pagar por la valoración real de segundas y terceras viviendas al margen del nivel de ingresos del tenedor.

    • Andrea Lucai
      24/07/2017 at 13:36

      Gracias Juan. De acuerdo con la importancia del impacto generacional al comparar la desigualdad en rentas y en riqueza (inmobiliaria), lo que lleva a la importancia de un buen diseño de la política de vivienda social (de alquiler). Sobre la RB, me parece una alternativa bastante interesante que corrige precisamente parte del problema intergeneracional, sobre todo si el mercado laboral sigue por la actual senda de inestabilidad y de automatización del trabajo. Su introducción debería ser en todo caso gradual y sustituir a otras prestaciones (como mínimo parte del desempleo y de la pensión). Comentaba la RB en esta otra entrada

      • juan
        25/07/2017 at 10:41

        El problema es como diseñar el pago de la renta básica cuando tienes a alguien que vive muy justo porque su renta baja e incluso media es drenada por las obligaciones (IBI, mínimos de consumo, comunidad) de varios inmuebles en propiedad sin estar alquilados.
        Respecto al mercado laboral, los países más robotizados como Japón y Corea del Sur están aproximadamente en el 4% de paro. El futuro pasa por asumir qué posición se ocupa en el mundo y desarrollar los sectores que te toquen para tener los salarios que necesitas.

        La industrialización de España en sectores de media tecnología (textil, gres, etc) permitió prosperar mucho con costes laborales menores que países avanzados, pero que a su vez permitieron aquí hacer prosperar a la clase trabajador (con su pequeño problema del ladrillo como valor refugio del ahorro de la misma). Pues bien, ahora nuestra posición de entonces corresponde a otros países, y nosotros tenemos que jugar en otra liga, y en ver como se accede deberían centrarse los esfuerzos.

        • Andrea Lucai
          03/09/2017 at 12:00

          Gracias Juan. Japón, Corea y también Alemania son países con muy alto grado de robotización y tasas de paro bajas. Como en la incorporación de otras tecnologías en el pasado, el impacto de la robotización sobre el trabajo dependerá del empleo que sustituya y de los nuevos trabajos que pueda generar que compensen al empleo sustituido. Las proyecciones son dispares. Dos estudios muy citados tienen cifras muy distintas: (i) Citi con la Oxford Martin School estima que en los países de la OCDE el 57% de los trabajos son susceptibles de automatización (el 69% y 77% en el caso de India y China respectivamente), (ii) sin embargo, la OCDE apunta a que la automatización solo afectaría en media al 9% de los trabajos. El tiempo dirá. El problema está en que el proceso puede ser rápido para los perdedores generando serias dificultades en la transición que pueden ser significativamente suavizadas mediante esquemas de renta básica. (Otro debate es ver el tipo de trabajo que se está generando en estos países).

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