Desmitificar el PIB

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El crecimiento del PIB es un indicador útil en sus propios términos, pero no es ni el más revelador ni el más importante a la hora de valorar la situación económica de un país. Existe abundante literatura sobre las limitaciones y carencias del PIB como indicador de bienestar, el problema es que ni siquiera es un buen reflejo de lo que teóricamente trata de medir: el valor durante un período de tiempo de la producción de bienes y servicios finales o, en otros términos, el valor añadido.

El PIB presenta notables carencias como indicador de bienestar. Jones y Klenow (2016), ponen un ejemplo claro al respecto: Francia tiene un PIB per cápita (y un consumo) que es aproximadamente dos tercios el de EEUU (37.600 frente a 56.000 dólares); sin embargo, tiene una mayor esperanza de vida (82,4 frente a 79,3 años), menores horas de trabajo (1.482 horas de media al año por trabajador, frente a 1,790), y mucha menor desigualdad (un índice de Gini del 0,33, frente al 0,41 de EEUU).

En general, existe consenso en que a la hora de aproximar el bienestar debe recurrirse a otro tipo de indicadores como complemento. Recientemente, la revista The Economist, claro exponente del liberalismo económico, volvía sobre este asunto (The trouble with GDP, 30 abril-6 mayo 2016). Por su parte, los organismos internacionales han incorporado de manera regular en sus informes indicadores adicionales, como el índice de Gini para la desigualdad en el caso del FMI. En la OCDE se ha ido más lejos desarrollando un indi­cador, el “Índice para una Vida Mejor”, que analiza 11 variables esenciales para el bienestar rela­cionadas con las condiciones materiales (empleo, ingresos, vivienda) y la calidad de vida (comunidad, educación, equilibrio laboral-personal, medio ambiente, participación ciudadana, salud, satisfacción ante la vida y seguridad).

También se admite en general, que el PIB no es un buen indicador para medir la vulnerabilidad de una economía. Basta recordar que, en el período anterior a la crisis económica, mientras el fuerte crecimiento distraía nuestra atención, otros indicadores como el endeudamiento externo del sector privado o los niveles record de déficit en la balanza por cuenta corriente presagiaban serias dificultades. Desde la crisis financiera global los países han desarrollado todo un instrumental de indicadores de vulnerabilidad sobre todo en el ámbito financiero (tests de stress, estructura del crédito, indicadores macruprudenciales, etc., pero esto sería tema de otro post).

El problema del PIB es que tampoco es un buen reflejo de lo que teóricamente trata de medir: el valor añadido, es decir, el valor durante un período de tiempo (es una variable flujo) de la producción de bienes y servicios finales. La principal dificultad aparece en la medición de los servicios. Hay que tener presente que la metodología para el cálculo del PIB, aunque ha sido objeto de revisiones periódicas, fue elaborada básicamente en la época de la recesión económica de los años 30 del pasado siglo, en un contexto económico caracterizado por una importante producción de manufacturas y escaso peso del sector servicios y del sector público. Nos encontramos ahora en las que el sector servicios puede representar un 80% del PIB, con cada vez mayor pesos de la economía digital y con una fuerte presencia del sector público.

La economía digital plantea el obstáculo de que muchos de los servicios se facilitan a precio cero. En general, los bienes o servicios a precio cero son excluidos del PIB, salvo convención en contrario. Por este motivo quedan excluidos, por ejemplo, los trabajos relacionados con la economía doméstica o la asistencia a dependientes, salvo que sean retribuidos. En el caso de los servicios digitales, el coste marginal es prácticamente cero y en muchos casos el acceso es gratuito. Así, los servicios de empresas como Facebook, Twitter, WhatsApp, YouTube o las actividades voluntarias de cooperación como Wikipedia o los programas de fuente abierta, o carecen de valor a efectos del PIB, o se estiman por vías indirectas como puede ser el gasto de las agencias publicitarias, muchas veces en base a meras conjeturas.

En cuanto a los bienes o servicios proporcionados por el sector público se valoran al coste de su producción o provisión, lo que tiende a introducir un sesgo a la baja en el PIB de los países con mucha presencia de los servicios público. Por ejemplo, el peso del gasto en sanidad española (principalmente pública) se cifra en el 9 por ciento del PIB, muy por debajo del 17 por ciento de la sanidad estadounidense, eminentemente privada y más cara, lo que potencia su PIB (pero, de nuevo, nada dice sobre la calidad y menos aún sobre el grado de cobertura).

En los servicios públicos, entra además en juego el problema de la corrupción. Por ejemplo, un hospital cuyo coste ha sido 100 se valora por este importe con independencia de que lleve incorporado un sobrecoste de 10 a beneficio del conseguidor. Además, genera una transferencia encubierta de renta que reaparece en el flujo circular de la economía en el valor de bienes y servicios adquiridos por el conseguidor. Por tanto, la corrupción tiene un doble impacto en el PIB: como sobrecoste en los bienes públicos y en la composición de los bienes o servicios adquiridos al sector privado (cuando no termina en Suiza). Más aun, introduce graves ineficiencias por la falta de competencia en la contratación pública, que la CNMC ha estimado para el caso de España en 47.500 millones de euros/año, afectando hasta a un 25% del valor de las contrataciones.

Por otra parte, el PIB tampoco recoge bien la economía sumergida, que por su propia naturaleza, se aproxima sobre bases poco sólidas. En el caso de España se estima que puede situarse en torno a un 20% del PIB de actividades legales no declaradas, y un 1% adicional de actividades ilegales como tráfico de drogas y prostitución, recientemente incorporadas al cálculo del PIB.

Con todas estas limitaciones sorprende la importancia que se concede al crecimiento del PIB a la hora de valorar la coyuntura económica cuando no está muy claro qué representa exactamente. Ni siquiera un economista sería capaz de verbalizar la diferencia entre crecer al 2% o al 2,2%, sin embargo, cualquier ciudadano comprende lo que significa el número de parados, los niveles y diferencias de renta y salarios, el nivel grado medio de educación o los indicadores de acceso a la vivienda y de endeudamiento.

Más aun, es frecuente que el PIB se tome únicamente como un indicador cuantitativo ignorando aspectos cualitativos como su distribución entre los factores que participan en su producción. El crecimiento puede ser incluyente, si sus beneficios se reparten entre un conjunto amplio de la población, o excluyente, si se concentra en unos pocos. Una economía en la que el 10% de la población acapare el 90% del crecimiento del producto no crece de la misma manera que una economía más equilibrada en la distribución. Estados Unidos, Irlanda y Suecia tienen una renta per cápita similar, sin embargo, son sociedades estructuralmente muy diferentes en lo que se refiere al marco institucional, equidad, o el sistema de protección social.

Tampoco se pasa de una economía a la otra con el mero recurso de proceder a distribuir la renta. La teoría del efecto goteo que dan lugar a afirmaciones como: “lo importante es crecer primero para poder luego distribuir” son equívocas porque crecimiento y distribución no son procesos secuenciales, sino dos caras de la misma moneda. Utilizando un símil, un sistema económico puede asemejarse a un velero en aguas agitadas por los vientos del libre mercado. Se puede navegar aprovechando al máximo el empuje del viento, y la experiencia indica que ello no hará sino generar una desigualdad creciente, pero cabe también la posibilidad de navegar con pericia siguiendo un rumbo más igualitario. No debe cometerse el error de comparar las velocidades de crucero, sino que debe hacerse más bien en términos de su distancia respecto al objetivo deseado.

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2 comentarios para “Desmitificar el PIB

  1. Antonio Pulido
    29/10/2016 at 15:58

    Una buena revisión para un amplio público de interesados. En blog.antoniopulido.es he dedicado varios post a esta cuestión. Enhorabuena.

  2. Pablo
    01/11/2016 at 23:40

    Gracias Antonio. Siguiendo tu blog.

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