Recordando a Williamson

A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, en la universidad de Carnegie Mellon en Pittsburgh trabajaba un grupo de economistas cuyas trayectorias iban a condicionar la historia de la economía de la última parte del siglo. En el programa conjunto de economía y teoría de la organización de la Escuela de Organización Industrial, caracterizado por el enfoque interdisciplinar, daba clase Herbert Simon, el padre de la racionalidad limitada, un enfoque que pretendía integrar en la economía la toma de decisiones tal y como se produce en la realidad. En reacción a esa visión escéptica, John Muth desarrolló la hipótesis de expectativas racionales, que formalizaba la racionalidad y la adaptaba al entorno de modelos dinámicos y estocásticos. Las dos concepciones de la racionalidad dieron lugar a una gran bifurcación. Oliver Williamson, un alumno de Simon que se convirtió en el padre de la Nueva Economía Institucional, nos dejó el 21 de mayo a los 87 años.

Según decía, los principios de la escuela de Carnegie eran: sé disciplinado, sé interdisciplinar y ten una mente activa. Esto último implicaba preocuparse de entender los vericuetos de la realidad y tomar distancia con las leyes universales. Su primer objeto de investigación fue la respuesta a la pregunta de Coase sobre la naturaleza de la empresa: ¿por qué se decide producir dentro en vez de comprarlo fuera? Indagó sobre las causas de la integración vertical de las empresas y enlazó rápido con los costes de transacción y, sobre todo, con las dimensiones de las transacciones que condicionaban las decisiones sobre el tamaño de las empresas. Ese paso suponía aplicar el bisturí a la caja negra de la empresa como función de producción de la teoría neoclásica, para estudiar su organización.

Para lidiar con el problema cambió la forma de aproximarlo. Sustituyó el énfasis en la decisión por el análisis de los contratos, lo que implica combinar economía y derecho; asumió que las partes en la transacción aplican la racionalidad limitada en un entorno de incertidumbre que hace que todos los contratos sean incompletos; consideró la posibilidad de que las partes desplegaran comportamientos estratégicos no cooperativos y llegó a la conclusión de que la dimensión principal para medir la eficiencia de la relación era la adaptación (en muchos casos a perturbaciones no anticipadas cuando se firma el contrato).

Un aspecto al que dedicó gran atención fue el de las consecuencias para el diseño del contrato de la existencia de activos específicos, que elevaba los riesgos de la transacción y hacía más atractiva la internalización que el mercado. Se dio cuenta de que este enfoque podía ser objeto de generalización a la hora de analizar de manera sistemática las organizaciones y su forma de operar en la realidad.

El siguiente paso fue aplicar este marco de análisis para desarrollar una teoría de la gobernanza de las organizaciones. Las dos formas extremas son el mercado y la jerarquía, que puede aplicarse dentro de la empresa o en una entidad pública (Markets and hierarchies, 1975, The Economic Institutions of Capitalism, 1985)). La aproximación institucionalista a este problema era agnóstica; no se trataba de defender apriori la superioridad de una de esas dos formas extremas de organización. Sino de estudiar, en cada caso, qué combinaciones son las más eficientes en función de los costes de las transacciones. No vale asumir que la existencia de un fallo de mercado siempre permite una solución de intervención más eficiente, porque las jerarquías también asumen costes de transacción. Las formas de coordinación que permiten reducir los costes de transacción pueden ser espontáneas, como las describió Hayek, o dirigidas por un funcionario.

Un aspecto fundamental en el que insistió Williamson en su discurso de aceptación del Nobel, que recibió en 2009 junto a la politóloga Elinor Ostrom, fue la necesidad de que las predicciones de la Nueva Economía Institucional pudieran ser contrastadas de manera empírica. Y así ha sido, en particular durante las últimas tres décadas en distintos ámbitos como: el diseño óptimo de contratos en situaciones de información asimétrica, la economía pública, el mercado de trabajo…El institucionalismo tradicional siempre había seguido un enfoque metodológico menos formal que el de la economía ortodoxa. No obstante, esa menor propensión a los modelos y a su contrastación había debilitado la influencia de la teoría.

La economía institucional ha vivido en los márgenes de la ciencia económica durante décadas. No ofrece predicciones categóricas, ni alumbra modelos de equilibrios perfectos. Pero alberga un caudal de ideas, análisis y modelos que han conseguido que la teoría económica deje de flotar y se pegue a la realidad, como señaló Coase refiriéndose a la teoría neoclásica. Aplicando una perspectiva necesariamente interdisciplinar, en el que la economía se entrelaza con el derecho, la teoría de la organización y la ciencia política. El enfoque de los costes de transacción, de los derechos de propiedad y de las organizaciones es de gran utilidad para entender las transformaciones del sistema económico.

¿Qué implicaciones tiene la digitalización, con la reducción drástica de los costes de muchas transacciones y el aumento del valor de activos específicos en forma de conocimiento tecnológico? ¿Cómo conseguir avanzar hacia una organización de las empresas que aúne la eficiencia con una remuneración del trabajo al menos en línea con su productividad? ¿Es posible frenar la globalización de las cadenas de valor de manera que la eficiencia no sufra? Para tener una idea de cómo empezar a pensar sobre estas preguntas, conviene interesarse por la obra de este economista humilde.

 

2 comentarios para “Recordando a Williamson

  1. Eduardo Prieto
    30/06/2020 at 10:22

    Un muy merecido recuerdo para uno de los padres de un enfoque micro que tan útil e interesante ha resultado para aproximarse a la economía desde una perspectiva más realista.

  2. Gonzalo
    07/07/2020 at 09:35

    Gracias, Eduardo. Tengo la impresión de que el trabajo de los institucionalistas en general se enseña solo de pasada (o se enseñaba cuando yo estudié economía) y que nos perdemos muchos análisis útiles para entender la realidad económica y para el diseño de políticas y de la regulación.

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