El monopsonio y la devaluación del trabajo (y II)

En su libro Monopsony in Motion: Imperfect Competition in Labor Markets (2003) el catedrático de la London School of Economics Alan Manning propone abordar el análisis del mercado de trabajo bajo las dos premisas del monopsonio: existen fricciones importantes y las empresas fijan los salarios. Desde la perspectiva de la política económica, la competencia imperfecta tiene, como vimos en la primera entrega de esta entrada, un coste neto de bienestar, alterando el efecto de las intervenciones en el funcionamiento del mercado. Aunque las implicaciones son múltiples nos centraremos en tres: el salario mínimo, la política de la competencia y las medidas contra la discriminación salarial por razón de sexo.

Los debates sobre el salario mínimo se suelen centrar en su efecto sobre el empleo, en particular para los jóvenes y los trabajadores poco cualificados. Suponiendo un mercado de trabajo con competencia perfecta, una intervención en el precio fijando un salario mínimo superior al de equilibrio provocaría necesariamente una reducción del empleo, puesto que habría trabajadores cuyo valor del producto marginal superaría ahora al coste marginal para la empresa.

Sin embargo, el resultado de la investigación empírica reciente apunta a que el efecto del salario mínimo sobre el empleo tiende a ser nulo o poco significativo. El monopsonio, que como ya se ha señalado es más intenso en los segmentos de trabajadores más susceptibles de cobrar el salario mínimo, puede explicar este resultado. En el diagrama, la fijación de un salario mínimo como el de equilibrio no solo no reduciría el empleo sino que lo elevaría, porque habría más trabajadores dispuestos a trabajar a ese salario. Para la empresa, la curva de oferta de trabajo tendría un segmento horizontal (en rojo en el diagrama), en el que el coste marginal de un trabajador adicional sería constante e igual al salario mínimo.

La existencia de monopsonio es un factor que puede justificar, desde el punto de vista de la eficiencia económica, una política de salario mínimo. Ahora bien, en la práctica será difícil acercarse a una intervención óptima, que requeriría conocer el valor del producto marginal de distintas empresas y categorías de trabajadores. Y si el nivel del salario mínimo es superior al valor del producto marginal para el equilibrio del monopsonio (VMPMS), el empleo se resentirá.  

Otro instrumento para tratar de corregir los efectos del monopsonio en el mercado de trabajo sería la política de la competencia. Aunque la legislación de competencia no excluye los mercados de trabajo, en la práctica su utilización en este ámbito ha sido mínima. La explicación es que los problemas de desequilibrio en el poder de negociación entre empresarios y trabajadores se han abordado a través de la legislación laboral y reconociendo a los sindicatos como interlocutores para negociar los salarios mediante la negociación colectiva.

En Estados Unidos, donde la legislación laboral es menos protectora que en Europa y el poder de los sindicatos mucho menor, la política de la competencia está empezando a prestar más atención a los problemas del monopsonio. La Administración Obama ya adoptó algunas medidas, orientadas sobre todo a explicitar la ilegalidad de las cláusulas de no competencia en la contratación y a instruir a las autoridades de competencia a perseguir  y castigar estas conductas.

No obstante, Naidu, Posner y Weyl (2018) señalan que hasta el momento, la actividad en este ámbito se ha limitado a algunos casos en las ligas deportivas profesionales, en empresas tecnológicas y en el sector de salud. Los costes de litigación y de coordinación para presentar demandas de competencia se convierten en prohibitivos para trabajadores de baja cualificación, que son los más afectados por el monopsonio. Para superar estas barreras, proponen que las autoridades de competencia adapten el régimen de control de concentraciones al mercado de trabajo, de manera que se pueda prohibir una fusión si se estima que tendrá un impacto negativo significativo sobre los salarios de los trabajadores. Exigiría evaluar el grado de concentración del mercado en términos de demandantes de trabajo, estimar un modelo econométrico y valorar los posibles efectos que tendría la operación.

En Europa no se aprecia todavía este renovado interés por el monopsonio en el mercado de trabajo, quizá porque los rasgos del marco institucional tienden en teoría a equilibrar más la relación de poder entre empresas y trabajadores, representados por los sindicatos. Aun así, existen algunos estudios que encuentran evidencia de poder de mercado, con elasticidades de la oferta de trabajo reducidas (por ejemplo Hirsch, Schank y Schnabel (2010) para Alemania). Algunas autoridades de competencia comienzan a preocuparse por estas cuestiones, de la mano de los cambios en las relaciones laborales asociados a las plataformas digitales, como explicaba recientemente el director de la Autoridad Catalana de la Competencia.

Por último, la brecha salarial de género también puede tener parte de explicación relacionada con el monopsonio. Una de las formas de explotar al máximo las oportunidades de obtención de rentas del poder de mercado es la discriminación de precios: el monopolista soñaría con poder vender cada unidad al precio más alto al que está dispuesto a pagar cada consumidor. En el mercado de trabajo, la discriminación supondría pagar un salario menor a aquellos trabajadores que están dispuestos  a trabajar por menos dinero porque valoran menos su mejor opción alternativa (tienen menor coste de oportunidad).

Pues bien, hay evidencia (Barth y Dale-Olsen (2009) para Noruega) de que las mujeres afrontan más costes para cambiar de trabajo en busca de salarios más altos y tienen por tanto elasticidades menores, lo que explicaría una parte de la brecha salarial de género. En general este efecto se da más entre empresas que dentro de la misma empresa: las ocupaciones en las que las mujeres son mayoritarias tienen salarios menores que aquellas en las que los hombres son mayoritarios para niveles de cualificación similares.  Para mitigar esta fuente de discriminación, se deberían adoptar políticas que faciliten a las mujeres cambiar de trabajo, incidiendo sobre el cuidado infantil, la distribución de tareas dentro de las parejas o la flexibilidad en los horarios de trabajo.

En definitiva, la competencia imperfecta en el mercado de trabajo puede contribuir a explicar en parte las dificultades de amplios colectivos de trabajadores poco cualificados para mejorar sus condiciones económicas en línea con su aportación al proceso productivo. En marcos institucionales menos regulados como el estadounidense, la incidencia del monopsonio parece creciente y la conveniencia de adoptar políticas para mitigarlo es cada día más clara. En gran parte de Europa y también en España, con marcos institucionales más protectores para el trabajo y con elevadas coberturas de la negociación colectiva, es muy probable que la incidencia sea menor. Aun así, tomando en cuenta la tendencia hacia mayor flexibilidad, no se debería olvidar que la competencia perfecta no es una buena referencia para el funcionamiento real de los mercados de trabajo.

 

1 comentario para “El monopsonio y la devaluación del trabajo (y II)

  1. José Antonio
    08/04/2018 at 14:16

    Estupenda entrada, Gonzalo

    Me ha hecho recordar a un célebre gestor de fondos que afirmaba hace años que nunca invertiría en clubes de fútbol que cotizararan en bolsa porque la remuneración de sus jugadores terminaba fagocitando cualquier posible beneficio extraordinario. Independientemente del poder de mercado del club (marca reconocida, fidelizacion de los aficionados, derechos audiovisuales y de imagen…) sus ingresos se irían como agua en un cesto -para evitar la descapitalización del club- en remunerar a unos jugadores que disponen de la libertad de jugar en otros equipos similares

    La situación descrita no es habitual (aunque es cierto que algunos colectivos profesionales tengan gran poder de negociación no tanto por sus alternativas fuera de su empresa, sino por los efectos de su decisión de no trabajar) y lo normal es que gran parte de los trabajadores sean precio aceptantes -y unos más que otros, estando de acuerdo en la referencia que me parece adivinar que haces a las Kelys- por estar sus alternativas muy restringidas, pudiendo las empresas aplicar cierto poder de monopsonio.

    Las iniciativas que propones para combatirlo, muy interesantes. La clave, como siempre, será su implementación. Gradualismo, monitoreo y evaluación.

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