Autor: Carlos Gallego

¿Hacia una Economía del Desarrollo sin sesgo moral?

Una de las obsesiones más marcadas de expertos e investigadores en el campo de la economía del desarrollo ha sido la necesidad de evidenciar por todos los medios a su alcance la posible correlación entre factores éticos y crecimiento del bienestar (en este caso la falta del mismo) en los países en vías de desarrollo. Entre estos sesgos morales, tal vez ninguno más tentador que el que atribuye al colonialismo europeo en África el origen fundamental de la falta de desarrollo actual en este continente.

La clave está en la gestión de riesgos

Era posible leer en anteriores días de zozobra e incertidumbre varios artículos en la prensa, este, este o este, donde se vertían (de manera ventajista y bastante poco rigurosa, a mi entender) opiniones sobre las razones de la desventaja comparativa de la mayor parte de los países europeos (habría que discutir la excepción alemana y nórdica) con países asiáticos en relación con la gestión adecuada de la emergencia provocada por el coronavirus.

La utopía urbana de Romer

Resulta curioso constatar cómo, a lo largo de la historia, todas las utopías que se han propuesto han sido generalmente promovidas por individuos pertenecientes a gremios intelectuales que gozaban de una gran influencia –casi sobrenatural– sobre los líderes políticos y sociales. Es el caso de las utopías urbanas.

¿La ciudad del mercado o el mercado de la ciudad?

Jane Jacobs es una de las figuras más fascinantes del urbanismo americano de la segunda mitad del siglo XX. Nacida en 1916, después de una adolescencia y juventud atípica –no quiso acabar su grado universitario porque la Universidad que la becó le impidió estudiar lo que ella había decidido–,  confirmó durante su madurez su postura siempre desafiante ante lo políticamente correcto y el poder de las élites. Periodista de los más variados medios, desde el Vogue a la Oficina de Información de Guerra, comenzó a interesarse por los fenómenos urbanos y adquirió una amplia formación en planeamiento urbano de forma completamente autodidacta, llegando a ser más tarde especialista sectorial del Architectural Forum. Esta urbanista desacomplejada se preguntaba qué era lo que hacía felices o infelices a los habitantes de un determinado barrio o espacio urbano, y en busca de la respuesta se recorría con su bicicleta los barrios de Manhattan.