Autor: Andrea Lucai

Política presupuestaria y género

En el último año la OCDE y el FMI han incorporado el presupuesto con perspectiva de género a su instrumental de vigilancia y recomendaciones de política económica, aplicándolo además tanto a economías avanzadas como en desarrollo. Si bien es un instrumento cuyo origen se traza a los años 80 en Australia, cabe esperar que, una vez se ha incorporado a la corriente principal de análisis económico de la que forman parte estas dos instituciones, la política presupuestaria con enfoque de género (es decir, que promueven la igualdad de género) empiece a ser un tema recurrente, como en su momento ocurriera con la política fiscal medioambiental. La instrumentación de la política fiscal de género tiene varios componentes principales: su desarrollo a través del ciclo presupuestario, su gobernanza y las políticas específicas de género. Por cierto, España está entre los países avanzados que destacan por tener más desarrollada esta política.

Profundizar en la UEM: la Comisión se pone la venda antes de la herida

La semana pasada, la Comisión publicó su documento de reflexión sobre la profundización de la Unión Económica y Monetaria (UEM). El informe adopta el enfoque gradual que ya lanzó el Informe de los Cinco Presidentes en 2015 y destaca por el profuso uso del condicional y por la escasa concreción y ambición de las propuestas. Plantea los debates y propuestas ya conocidas, sin novedades y sin defender con claridad los escenarios de más integración. Sin perjuicio de que el equilibrio político actual de la UE no permite otro camino que el gradualismo (como ya se abordó en esta entrada), la Comisión no debe ser la institución que lo asuma de antemano. Al contrario, es la institución de lo común en Europa, y su papel debería ser el de abanderar las posiciones más ambiciosas que permitan completar la UEM y dejar que sea el debate político en el Parlamento y el Consejo los que determinen cuál debe ser el punto intermedio, especialmente en un documento de reflexión –el Libro Blanco (que veíamos aquí) era más acertado al plantear los escenarios políticos posibles, incluida la provocación de las distintas velocidades para a UE–. De otra forma, la Comisión está dando desde el inicio de la partida argumentos a las posiciones minimalistas, que se benefician de que el tablero de debate ya es más corto por el lado de la mayor integración.

Baumol: es natural que los costes de educación y salud crezcan

El pasado 4 de mayo murió William Baumol (1922-2017). Forma parte del grupo de economistas que han estado en la lista corta de los premios nobel sin llegar a conseguirlo (como Tony Atkinson). Baumol fue un autor especialmente prolífico, escribió más de 40 libros y 500 artículos, además de ser un dotado artista, llegando a dar clases de talla de madera en la Universidad de Princeton, donde desarrolló su carrera como economista. Conviene recordar dos de sus principales contribuciones, porque se olvidan con frecuencia: (i) la enfermedad de los costes, que permite explicar por qué el crecimiento de los costes de servicios como la educación o la sanidad no es más que una consecuencia natu­ral del desarrollo tecnológico y el crecimiento a largo plazo, y (ii) el papel central del emprendimiento y la innovación para el crecimiento económico.

También el FMI: desigualdad, género y cambio climático

El Fondo Monetario Internacional acaba de terminar sus reuniones de primavera. En su comunicado, además de la no condena al proteccionismo (que es ya una constante de los comunicados de foros internacionales desde la entrada de la nueva administración en EEUU), destaca el énfasis que se pone en la inclusión. En efecto, desde hace ya un tiempo, el Fondo está poniendo el foco en aspectos como la desigualdad, la política de género o el cambio climático. Se trata de una tercera ola en la revisión del viejo Consenso de Washington, tras la reformulación de la  efectividad de las políticas macroeconómicas (que analizábamos aquí) y la incorporación al análisis sistemático del Fondo de las reformas estructurales.

Homo socialis vs. homo economicus: el juego del dictador

Uno de los pilares de la ciencia económica es el constructo del homo economicus (asociado originalmente a las aportaciones de John Stuart Mill a finales del siglo XIX): un individuo que persigue su propia utilidad, al menor coste posible y actuando con expectativas racionales a partir de la información de la que dispone. Aplicando el individualismo metodológico, los comportamientos sociales se explican a partir del sumatorio de los comportamientos de los homo economicus y el libre mercado es la mejor forma de casar las utilidades individuales. Distintos desarrollos que recuperan la vinculación de la economía con otras ciencias sociales cuestionan la mayoría de estos supuestos, incluyendo que, más allá de la utilidad individual, los individuos tengamos, en esencia, comportamientos altruistas, es decir, que seamos, al menos en parte, homo socialis.

¿Qué puede hacer el G20 ante Trump?

Con la llegada de la administración Trump se ha planteado en los medios de comunicación una creciente duda sobre la capacidad del G20 para salvar la globalización. La ausencia en el comunicado de la reunión de ministros y gobernadores de marzo en Baden-Baden de una condena al proteccionismo –se ha sustituido por un “trabajamos para fortalecer la contribución del comercio a nuestras economías”–, o de un apoyo al acuerdo de París sobre el cambio climático, se han interpretado como un triunfo de la nueva administración americana. Más allá de lo simbólico de las palabras de un comunicado, ciertamente, el G20 enfrenta un reto para frenar el creciente impulso antiglobalizador (Trump, Brexit, o extremos políticos en Europa), pero, precisamente es el foro mejor equipado para hacerlo; desde su redefinición en 2008, es, ante todo, un foro útil para la gestión de crisis.

Movilidad intergeneracional: la Curva del Gran Gatsby

Uno de los pilares de la aproximación liberal a la economía pasa por la distinción entre fuentes legítimas e ilegítimas de desigualdad. La desigualdad vinculada al esfuerzo de los individuos es deseable, sin embargo, la asociada a circunstancias no controlables por el individuo ‒por ejemplo, la discriminación social, de género o raza, o el contexto o herencia socioeconómica familiar‒ debe ser compensada para garantizar una verdadera igualdad de oportunidades entre los ciudadanos. En otras palabras, la desigualdad es aceptable, siempre y cuando exista la posibilidad de movilidad social (el sueño americano). En los últimos años, en un contexto de creciente desigualdad en la distribución de la renta, se ha planteado un debate en torno a cuánto esta desigualdad entre los padres puede determinar la capacidad de movilidad social de los hijos, es decir, cuánto se hereda la desigualdad.

El futuro de la UE: mejor Europa y explícitamente a la carta

Este año se celebra el 60 aniversario del Tratado de Roma, constitutivo de la Comunidad Económica Europea (firmado el 25 de marzo de 1957). 2017 se plantea así como un año de reflexión, que debe empezar con una pausa y una mirada atrás de lo mucho alcanzado, para mirar hacia el futuro. Como siempre, la coyuntura política marcará el paso, y los vientos no son muy favorables al más Europa tras el Brexit, la crisis de la inmigración y el giro hacia opciones políticas que vuelven a primar lo nacional –tanto en los partidos en los extremos (en muchos casos, en la derecha del espectro político en los países acreedores, y en la izquierda, en los deudores), como en los tradicionales partidos liberales y socialdemócratas, que han reducido su ambición pro europea–. En 2017 será difícil avanzar dado el calendario electoral: elecciones en Países Bajos (15 marzo), Francia (23 abril y 7 de mayo en 2ª vuelta), Alemania (24 septiembre) y probablemente también en Italia. Pero quiero ser optimista a partir de 2018 (si se supera la fecha clave del 7 de mayo); se puede avanzar si la estrategia de las distintas velocidades se asume explícitamente como el día a día de Europa.

Tony Atkinson nos deja una frontera más: recuperar para la economía su carácter de ciencia moral

El pasado 1 de enero murió Anthony B. Atkinson (Caerleon, RU, 1944 – 2017). El año ha empezado sin el padre del análisis de la desigualdad y uno de los arquitectos de la economía pública. Son áreas en las que este “ekanomista” trabajó durante casi medio siglo, en muchos casos, contracorriente (con un legado increíblemente prolífico de más de 350 artículos académicos y más de 40 libros), pero en las que llegó a ver cómo en los últimos años han pasado a formar parte de la corriente principal de análisis económico. Hoy en día, por ejemplo, el problema de la desigualdad ya es habitual en los análisis del FMI o la OCDE. Atkinson nos deja sin embargo una frontera adicional: recuperar el carácter de ciencia moral de la economía.

¿Qué es eso de la calidad de las instituciones?

La semana pasada, Transparencia Internacional publicaba su Índice de Percepción de la Corrupción 2016, en el que España ocupa un muy mal puesto, 41 de 176 países, en el furgón de cola de los países de la UE y en niveles de países menos desarrollados, como Georgia o Costa Rica. Cronológicamente, es el primer índice de calidad institucional de un grupo más amplio que se publicará a lo largo de 2017, que (sin catastrofismos), en general, dibujan un país con una calidad institucional que está por debajo de nuestro nivel de desarrollo.