Los siete riesgos de un Brexit sin acuerdo

Abandonar la Unión Europea es un mal negocio económico. Eso lo reconoce hasta el propio ministro de Hacienda británico, Philip Hammond, de los pocos honestos. Olvidemos, pues, falacias como el infame “dividendo del Brexit”, y entendamos el Brexit como lo que es: una mera cuestión sentimental. El valor de dejar de pertenecer a una organización por el mero hecho de sentirse libre. Aunque, a efectos prácticos, esa libertad sirva para poco, porque, en un mundo globalizado y fuertemente integrado, un país pequeño –y el Reino Unido lo es, comparado con Estados Unidos, la UE o China– tiene poco margen para negociar acuerdos comerciales ventajosos. Los pequeños no negocian, tan solo aceptan condiciones.

Desigualdad horizontal

Además de la sorpresiva dimisión de su presidente el pasado 7 de enero, el Banco Mundial también ha iniciado el año editando su informe del otoño pasado Hacia un nuevo contrato social que aborda el problema de la desigualdad en Europa y en Asia central. El informe es particularmente rico en aportar datos e información sobre dos elementos: la desigualdad horizontal ‒es decir, la que se produce entre grupos de personas (por ejemplo, por generaciones, género, región, raza o etnia), que difiere de la vertical (entre individuos) ‒ y la percepción de los individuos sobre la desigualdad. Se argumenta que ambos factores deben tener un papel clave en el rediseño del contrato social.

La prueba de la inmigración (I)

Tropecé hace unas semanas en Twitter con una entrevista en el Guardian a Hillary Clinton en la que sostenía que la receta para que Europa frenara el auge de los partidos de extrema derecha era mostrarse más dura frente a la inmigración. Alababa la decisión de Angela Merkel en 2015 sobre la acogida de refugiados, pero recomendaba mandar un mensaje firme en el que quedase claro que ya no vamos a poder dar apoyo y refugio en los mismos términos. El economista jefe del Center for European Reform, que enlazaba la entrevista, recomendaba mirar a España como ejemplo de una conversación civilizada sobre la inmigración. Nosotros, tan acostumbrados a ser los rezagados o los peores alumnos de la clase en varios frentes económicos y sociales, ¿somos un ejemplo en un tema tan complejo como la inmigración? Es una reflexión pertinente, ahora que, tras años de excepcional quietud, partidos políticos nuevos (y no tan nuevos) están proponiendo endurecer las políticas españolas sobre inmigración.

El tipo efectivo del Impuesto de Sociedades: un secreto incómodo

La Agencia Tributaria ha publicado recientemente y por primera vez las estadísticas Consolidadas del Impuesto sobre Sociedades. Un hito importante a la hora de arrojar algo de luz sobre el debate de quién paga qué y cuánto, ya que la ausencia de esta información otorgaba a los grandes grupos societarios una ventaja a la hora de argumentar sobre su participación en los gastos comunes.

Tres escenarios para el teatro del Brexit

Año nuevo, Brexit viejo. Después del referéndum de 2016, todo el mundo pensaba que, si al final el Reino Unido abandonaba la Unión Europea, habría un poco de caos. Pero ni los más pesimistas contemplaban un escenario tan volátil y caótico como el que se presenta en enero de 2019, a menos de tres meses de la salida formal.

El otro error de la Cumbre del Euro

¿En qué me beneficia a mí, como ciudadano, la Unión Europea? La respuesta a esta pregunta sigue siendo la piedra angular de la sostenibilidad social del proyecto europeo. Y esa respuesta no es estática, sino que ha ido variando a lo largo de la Historia: en los años 50 era evitar una nueva guerra entre Francia y Alemania; en los 60, poder comerciar libremente con Europa y garantizar la producción agrícola y los alimentos; en los 70, hacer frente a la crisis energética con las ayudas regionales europeas, y servir de anhelo democrático a países que –como España y Grecia– superaban sus dictaduras; en los 80, construir un mercado único en el que los ciudadanos pudieran circular y establecerse sin trabas, y ayudar a Alemania a restañar las heridas del muro de la vergüenza; en los 90, la financiación de infraestructuras cohesionadoras, poder viajar sin enseñar el pasaporte y estudiar parte de la carrera en otros países; en los 2000, cambiar de país sin cambiar de moneda. Pero en esta década, la de la Gran Recesión, ¿cuál es la respuesta? El Consejo Europeo del 13 y 14 de diciembre de 2018 ha perdido una magnífica oportunidad de sugerir alguna.

Paul Romer, un Nobel poco convencional

Paul Romer es un economista polémico y poco convencional. Su formación bebe tanto de la Universidad de Chicago como del MIT, pero no se identifica con la orientación liberal no con el nuevo keynesianismo, y su actividad académica se ha desarrollado en instituciones como las escuelas de negocios de Stanford y la Universidad de Nueva York o la Universidad de Rochester, instituciones lejos de la élite universitaria en Economía. Abandonó temprano el campo académico pasando al terreno del sector privado para crear APLIA, una empresa de formación económica on-line. Posteriormente se involucró en proyectos de desarrollo y se incorporó al Banco Mundial como Economista Jefe y Vicepresidente hasta enero de 2018.