¿Competición sin competencia?

– Hola, somos Los Ángeles Lakers.

– Hola. Aquí la NBA (Asociación nacional de baloncesto de EEUU).

– Hemos tenido una situación deportiva muy mala estos últimos años, pero somos históricamente uno de los mejores equipos de la competición, tenemos mucho dinero, nuestra ciudad nos va a recalificar los terrenos del antiguo estadio para venderlo a precio elevado y así tener aún más dinero. Vamos a fichar a los mejores jugadores de la liga y el año que viene volveremos a estar en las primeras posiciones.

– Imposible. Aquí tenemos unas normas. Hay un tope salarial para cada equipo, no podéis sobrepasarlo, y por tanto no podréis fichar a los mejores jugadores dado que son los que más cobran, y solo podéis tener 12 jugadores en el equipo.

– Bueno, pues ficharemos a los mejores nuevos jugadores, quienes todavía no están en la competición, para formar el mejor equipo de los próximos años.

– Tampoco. El sistema de acceso a los nuevos jugadores es rotatorio. El peor equipo elige primero un nuevo jugador, después elige el segundo peor equipo, y así sucesivamente, hasta llegar al campeón de la competición, y vuelta a empezar, mientras haya jugadores e interés por ficharlos.

– Pero nosotros somos históricamente el mejor equipo. Queremos volver a contar con las grandes estrellas para volver a ganar siempre, como antaño, y dado nuestro potencial económico…

– Aquí fomentamos la igualdad de oportunidades. Tendréis que montar un buen proyecto deportivo, equilibrar el presupuesto de salarios entre jugadores de primera línea y jugadores complementarios, y acertar con las expectativas de las jóvenes promesas. En otros clubes, pequeños, sin historia de éxito, lo hicieron y triunfaron. Por ejemplo, en San Antonio: pequeña ciudad, ningún historial de títulos, fueron poco a poco construyendo un conjunto competitivo y se convirtieron en uno de los mejores equipos del siglo XXI, ganando varios años el campeonato. También lo hicieron así en San Francisco, Cleveland, Dallas, Miami, Detroit, Chicago…

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– Hola, somos el Granada FC.

– Hola. Al habla la LFP (Liga de fútbol profesional de España).

– Tenemos un buen proyecto deportivo, basado en una cantera de jugadores jóvenes en la que se trabaja con mucha dedicación y criterio, completada con una afición entusiasta que nos proporciona ingresos para mantener dicha cantera y pensar en progresar en nuestros resultados, subir a primera y aspirar a ganar la competición.

– Muy bien, soñar es gratis. Vía libre para continuar con el trabajo. Cuando vuestro equipo y, sobre todo, algunos de vuestros jugadores canteranos, sean atractivos, ahí estarán los grandes clubes, históricos dominadores de la competición, para ficharlos. Los cederán a otros equipos para que demuestren su nivel, a modo de filtro controlado y, si finalmente son grandes estrellas, jugarán con ellos y así seguirán ganando los campeonatos.

– Pero nosotros hemos demostrado, en competiciones de categorías inferiores, que desde un trabajo deportivo bien hecho se puede competir con cualquiera, que el deporte es justo con el trabajo y el talento, que buscando la excelencia en el producto los espectadores lo “compran”. En otras palabras, hemos ganado a base de trabajar deportivamente e ilusionar al público.

– Las televisiones retransmitirán vuestros partidos, pero los ingresos irán sobre todo a los clubes mejor clasificados, según los campeonatos pasados. Ya está hecho el reparto. El público “quiere ver” a los grandes clubes, es algo histórico, no se puede cambiar.

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De los 30 equipos que conforman la NBA han ganado el título 20 de ellos, 10 más de una vez, y 8 en los últimos 17 años (siglo XXI). De los cerca de 40 equipos que han participado en la LFP, 9 de ellos han ganado el campeonato, 6 más de una vez, y sólo 4 en los 17 años del presente siglo. A grandes rasgos, la variabilidad en la posición dominante es, en la liga estadounidense, de más del doble respecto a la competición española.

El reparto de los ingresos por audiencia no es equitativo en ninguna de las dos competiciones, pero en Estados Unidos están interesados en “encontrar la manera más progresiva de reparto de los ingresos, que permita cerrar el desequilibrio presupuestario entre todos los equipos”, llegando a hablar abiertamente de “buscar una liga con equipos económicamente fuertes que tengan, todos, oportunidad de competir, lo que redunda en una liga más sana” (vicepresidente de negocios de LA Lakers). Mientras, en España el criterio de reparto es la clasificación del año anterior. No hace falta ser matemático para visualizar la espiral de enriquecimiento de los que se mantienen año tras año en los primeros puestos, ¿conseguidos en base a la contratación sistemática de los jugadores más cotizados?

El hecho de que EEUU tenga una fuerte legislación en materia de defensa de la competencia puede ser causa o consecuencia de la concienciación de sus ciudadanos respecto a los límites que se deben poner a la concentración de poder de mercado. Sea como fuere, el empresariado estadounidense afirma estar muy orgulloso de la “terrible competencia” de sus mercados: son las reglas del juego, admitidas e indiscutibles, y entendidas como beneficiosas para el funcionamiento de dichos mercados y del conjunto de la economía. Dichos límites se traducen en restricciones, controles o prohibiciones estrictas sobre ciertas prácticas empresariales. No ponen trabas a la libertad de cada empresa, antes al contrario, potencian la libertad del conjunto de ellas. Que esta sutileza respecto al concepto de libertad no impregne la mentalidad de los ciudadanos puede explicar la aceptación de mercados no competitivos, que impiden el desarrollo de una economía en todo su potencial, y en el ámbito deportivo, que el fútbol sea un deporte que juegan muchos pero en el que ganan siempre los mismos.

“La competencia permite a los consumidores afrontar menores precios, mayor calidad y más opciones” se traduce en la competición deportiva en más oportunidades de éxito para clubes no tradicionalmente dominadores, por tanto, en diferentes ganadores a lo largo de los años y, por tanto, en más emoción y diversión en los campeonatos. Que estos objetivos no sean perseguidos por los agentes que participan en nuestro deporte, clubes, público, dirigentes, conlleva el continuismo de unas competiciones cuyo vencedor está predeterminado de inicio dentro de una terna mínima del conjunto de participantes. En definitiva, en todo mercado es necesario establecer límites a la concentración de poder para asegurar la competitividad, la calidad y la diversidad de cara a los intereses de los consumidores y de la totalidad de las empresas.

 

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