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Apuntes sobre estancamiento secular (V). Factores depresores de la demanda: acelerador financiero y demanda agregada

En la línea clásica de Minsky (teoría financiera de la inversión), y los desarrollos posteriores de Bernanke, Stiglitz y otros (acelerador financiero), podemos identificar el sistema crediticio como una fuente potencial de aceleración de demanda: como regla general, podemos afirmar que cuando el crédito crece por encima del crecimiento del PIB nominal (o renta disponible o demanda agregada), se convierte en un factor autónomo de impulso de la demanda agregada. Esencialmente, el aumento del crédito por encima del nivel inercial en que simplemente “acompaña” al crecimiento económico, supone que esa variable hace posible gasto más allá del que permitiría el aumento de la renta disponible [nota: por simplicidad, lo que sigue se centra sobre el crédito bancario]

Apuntes sobre estancamiento secular (IV): Factores depresores de la demanda: los avances tecnológicos

Además de la demografía, que analizábamos en la entrada anterior de esta serie sobre el estancamiento secular, el progreso tecnológico también está teniendo un sesgo depresor de la demanda agregada en tiempos recientes. Esto es particularmente atribuible a la incidencia conjunta de dos variables: la digitalización de información y la interconexión generalizada de buena parte del planeta a través de Internet.

Baumol: es natural que los costes de educación y salud crezcan

El pasado 4 de mayo murió William Baumol (1922-2017). Forma parte del grupo de economistas que han estado en la lista corta de los premios nobel sin llegar a conseguirlo (como Tony Atkinson). Baumol fue un autor especialmente prolífico, escribió más de 40 libros y 500 artículos, además de ser un dotado artista, llegando a dar clases de talla de madera en la Universidad de Princeton, donde desarrolló su carrera como economista. Conviene recordar dos de sus principales contribuciones, porque se olvidan con frecuencia: (i) la enfermedad de los costes, que permite explicar por qué el crecimiento de los costes de servicios como la educación o la sanidad no es más que una consecuencia natu­ral del desarrollo tecnológico y el crecimiento a largo plazo, y (ii) el papel central del emprendimiento y la innovación para el crecimiento económico.

¿Qué es eso de la calidad de las instituciones?

La semana pasada, Transparencia Internacional publicaba su Índice de Percepción de la Corrupción 2016, en el que España ocupa un muy mal puesto, 41 de 176 países, en el furgón de cola de los países de la UE y en niveles de países menos desarrollados como Georgia o Costa Rica. Cronológicamente, es el primer índice de calidad institucional de un grupo más amplio que se publicará a lo largo de 2017, que (sin catastrofismos), en general, dibujan un país con una calidad institucional que está por debajo de nuestro nivel de desarrollo.