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Cuatro reformas para la recuperación

Tras la emergencia sanitaria, llega la emergencia económica y social. La pandemia no solo va a amputar alrededor de un diez por ciento de nuestro PIB este año, sino que amenaza seriamente nuestra estabilidad y prosperidad futuras. Después de haber acarreado con denuedo la roca de la recuperación por la pendiente de la montaña, el virus nos vuelve a arrastrar ladera abajo y no sabemos dónde nos detendremos. Más allá de las medidas que se están aplicando para contener el golpe a corto plazo sobre las rentas y el empleo, la política económica española tiene que iniciar un nuevo ciclo de reformas con luces largas. Una vez conocida la propuesta de la Comisión sobre el Fondo de Recuperación, está claro que la respuesta europea esta vez nos proporciona un caparazón monetario, financiero y fiscal que nos protege mientras nos levantamos tras el golpe.

La propuesta SURE para la crisis del coronavirus

Para contribuir a suavizar la peor crisis económica que Europa va a vivir desde la Segunda Guerra Mundial como consecuencia de la pandemia del coronavirus, la Comisión Europea propuso a comienzos de abril el SURE (Support to mitigate Unemployment Risks in an Emergency). Está basado en una idea teórica de reaseguro a nivel europeo de los costes nacionales de las prestaciones por desempleo, pero se ha quedado corta. Es una de las vías, no excluyentes entre sí, que se van a debatir estos meses para alejar la posibilidad de reeditar una crisis de deuda soberana de la zona euro tras el esfuerzo de emisión de deuda pública que supone la crisis sanitaria. A pesar de este objetivo, el instrumento se plasma en préstamos que incrementan la deuda nacional de los Estados miembros que lo soliciten, que es la misma respuesta que se dio en la crisis de 2010-13. Si el Eurogrupo aprueba finalmente esta propuesta, en breve comenzarán las negociaciones para alcanzar un acuerdo sobre el texto final.

Retos económicos de la legislatura

Los últimos cuatro años en España han estado marcados por los avatares políticos. Cuatro elecciones generales, ascenso y caída de nuevos partidos y líderes políticos, quimeras y frustraciones a cuenta de Cataluña…En política económica, el balance de este período es muy pobre. El PIB ha crecido a una tasa media del 2,6%, se ha creado empleo a buen ritmo y se ha reducido la tasa de paro. Frente a este entorno favorable, los gobiernos sucesivos, en minoría y/o en funciones, no han conseguido impulsar cambios de calado. En casos como el de las pensiones, algunos aspectos de las reformas que se habían adoptado se han suprimido al evidenciarse como políticamente insostenibles. No se sabe cuánto durará la legislatura que ahora se abre; pero por el bien de todos, este período de abulia debería tocar a su fin. Si hay alguna certeza en este año que ahora empieza es que las políticas económicas son más necesarias que nunca.

Vuelve la mochila colombiana

Recientemente se hizo pública la solicitud del Ministerio de Economía de España a la Comisión Europea de asistencia técnica para implantar el modelo conocido como la mochila austriaca. A tal efecto, Bruselas ha encargado a la OCDE un estudio para simular las posibles implicaciones de su aplicación en España. Tal estudio serviría como documento de base para negociar con sindicatos, patronal y Ministerio de Trabajo su implantación a partir del año 2020.

Vuelve a considerarse un modelo sobre el que se viene debatiendo desde hace casi diez años. No obstante, a pesar de una valoración generalmente favorable por parte de los economistas y contar con un apoyo político de amplio espectro, incluidos Ciudadanos, PP y PSOE, no termina de concretarse en un esquema definido.

Mohamed Al Auf o el salario de los olvidados

En un mercado laboral perfecto, el empleador debería determinar de forma rigurosa y exacta la productividad de su empleado y retribuirle de forma adecuada. Ello llevaría, además, a un reconocimiento social acorde. Sin embargo, una gran parte de las actividades humanas son difícilmente cuantificables, y resulta complicado valorar los aspectos cualitativos de forma homogénea. El elevado peso de la subjetividad al establecer cuánto, cómo y a quién se comunica un logro introduce inevitables distorsiones. En ocasiones habrá trabajadores que exageren sus éxitos, pero otras veces sucede lo contrario: que el propio trabajador es incapaz de valorar adecuadamente la dimensión de sus méritos. Un ejemplo paradigmático sería el de Mohamed Al Auf, el desconocido guía del famoso explorador británico, Wilfred Thesiguer.

Hitchcock y el guion de la política económica

En “El cine según Hitchcock”, un apasionante libro que recoge un larga conversación entre dos genios cinematográficos, François Truffaut y Alfred Hitchcock, el director francés le preguntó al maestro del suspense por las claves para conseguir un guion perfecto. Hitchcock optó por responderle con una historia: le contó que durante muchas noches había soñado con guiones formidables que era incapaz de recordar al despertar la mañana siguiente, hasta que un día decidió dormir con papel y lápiz en su mesilla de noche, listo para anotar cualquier idea que le viniese en sueños. Y ocurrió que una madrugada se despertó inspirado, hizo varias anotaciones rápidas y volvió a dormirse. Al amanecer, nada más despertar, miró emocionado sus notas esperando encontrar el gran argumento soñado, y comprobó que se limitaba a una escueta frase: “Chico conoce chica”.

El monopsonio y la devaluación del trabajo (y II)

En su libro Monopsony in Motion: Imperfect Competition in Labor Markets (2003) el catedrático de la London School of Economics Alan Manning propone abordar el análisis del mercado de trabajo bajo las dos premisas del monopsonio: existen fricciones importantes y las empresas fijan los salarios. Desde la perspectiva de la política económica, la competencia imperfecta tiene, como vimos en la primera entrega de esta entrada, un coste neto de bienestar, alterando el efecto de las intervenciones en el funcionamiento del mercado. Aunque las implicaciones son múltiples nos centraremos en tres: el salario mínimo, la política de la competencia y las medidas contra la discriminación salarial por razón de sexo.

El monopsonio y la devaluación del trabajo (I)

En Tocando el viento, una película de 1996 dirigida por Mark Herman, se narra la lucha infructuosa de un grupo de mineros y sus familias en un pueblo del norte de Inglaterra para mantener sus empleos y su banda de música. Al final ganan el concurso de orquestas en el Royal Albert Hall, pero acaban claudicando frente a la empresa, pues no tienen alternativa. Es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando las empresas tienen poder de mercado como demandantes de trabajo, un tipo de estructura de mercado que nuestra vieja amiga la Señora Robinson bautizó como monopsonio. La investigación reciente apunta a un aumento de su incidencia en Estados Unidos y Europa, lo que podría explicar una parte de la brecha entre el crecimiento de los salarios reales y la productividad, con implicaciones de calado para la política económica.

Salir de las trincheras del contrato único

Desde que se formuló hace ya casi diez años, la propuesta del contrato único ha generado enconados debates. Sus promotores, economistas académicos, han seguido puliendo sus contornos y tratando de evaluar sus posibles resultados, pero hasta ahora con insuficiente apoyo político y de los agentes sociales. Sin embargo, hay algunos síntomas de que la deliberación pública sobre los problemas del mercado de trabajo español podría desbordar las posiciones férreas a favor y en contra del contrato único. En su proposición de Ley para luchar contra la precariedad laboral registrada en el congreso este martes y presentada en un acto el pasado sábado, Ciudadanos ha incluido algo que sigue llamando contrato único, pero que en realidad es la supresión de los contratos temporales. ¿Aplaudirán los sindicatos y los partidos de izquierda?

Desigualdad intergeneracional: hoy por todos, mañana por todos

Uno de los principales efectos de la crisis ha sido el aumento de la desigualdad y del riesgo de exclusión social, a lo que también han contribuido cambios estructurales como la globalización y la revolución tecnológica. A partir del objetivo central de determinar la “senda binaria” de crecimiento-distribución, la política económica debe insertarse en este nuevo contexto coyuntural y estructural, lo que en muchos casos exige revisar antiguos esquemas de las políticas regulatorias y redistributivas para adaptarlas a la nueva realidad.