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Hitchcock y el guion de la política económica

En “El cine según Hitchcock”, un apasionante libro que recoge un larga conversación entre dos genios cinematográficos, François Truffaut y Alfred Hitchcock, el director francés le preguntó al maestro del suspense por las claves para conseguir un guion perfecto. Hitchcock optó por responderle con una historia: le contó que durante muchas noches había soñado con guiones formidables que era incapaz de recordar al despertar la mañana siguiente, hasta que un día decidió dormir con papel y lápiz en su mesilla de noche, listo para anotar cualquier idea que le viniese en sueños. Y ocurrió que una madrugada se despertó inspirado, hizo varias anotaciones rápidas y volvió a dormirse. Al amanecer, nada más despertar, miró emocionado sus notas esperando encontrar el gran argumento soñado, y comprobó que se limitaba a una escueta frase: “Chico conoce chica”.

El monopsonio y la devaluación del trabajo (y II)

En su libro Monopsony in Motion: Imperfect Competition in Labor Markets (2003) el catedrático de la London School of Economics Alan Manning propone abordar el análisis del mercado de trabajo bajo las dos premisas del monopsonio: existen fricciones importantes y las empresas fijan los salarios. Desde la perspectiva de la política económica, la competencia imperfecta tiene, como vimos en la primera entrega de esta entrada, un coste neto de bienestar, alterando el efecto de las intervenciones en el funcionamiento del mercado. Aunque las implicaciones son múltiples nos centraremos en tres: el salario mínimo, la política de la competencia y las medidas contra la discriminación salarial por razón de sexo.

El monopsonio y la devaluación del trabajo (I)

En Tocando el viento, una película de 1996 dirigida por Mark Herman, se narra la lucha infructuosa de un grupo de mineros y sus familias en un pueblo del norte de Inglaterra para mantener sus empleos y su banda de música. Al final ganan el concurso de orquestas en el Royal Albert Hall, pero acaban claudicando frente a la empresa, pues no tienen alternativa. Es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando las empresas tienen poder de mercado como demandantes de trabajo, un tipo de estructura de mercado que nuestra vieja amiga la Señora Robinson bautizó como monopsonio. La investigación reciente apunta a un aumento de su incidencia en Estados Unidos y Europa, lo que podría explicar una parte de la brecha entre el crecimiento de los salarios reales y la productividad, con implicaciones de calado para la política económica.

Salir de las trincheras del contrato único

Desde que se formuló hace ya casi diez años, la propuesta del contrato único ha generado enconados debates. Sus promotores, economistas académicos, han seguido puliendo sus contornos y tratando de evaluar sus posibles resultados, pero hasta ahora con insuficiente apoyo político y de los agentes sociales. Sin embargo, hay algunos síntomas de que la deliberación pública sobre los problemas del mercado de trabajo español podría desbordar las posiciones férreas a favor y en contra del contrato único. En su proposición de Ley para luchar contra la precariedad laboral registrada en el congreso este martes y presentada en un acto el pasado sábado, Ciudadanos ha incluido algo que sigue llamando contrato único, pero que en realidad es la supresión de los contratos temporales. ¿Aplaudirán los sindicatos y los partidos de izquierda?

Desigualdad intergeneracional: hoy por todos, mañana por todos

Uno de los principales efectos de la crisis ha sido el aumento de la desigualdad y del riesgo de exclusión social, a lo que también han contribuido cambios estructurales como la globalización y la revolución tecnológica. A partir del objetivo central de determinar la “senda binaria” de crecimiento-distribución, la política económica debe insertarse en este nuevo contexto coyuntural y estructural, lo que en muchos casos exige revisar antiguos esquemas de las políticas regulatorias y redistributivas para adaptarlas a la nueva realidad.

¿Aceptará Alemania las propuestas de Macron?

Esta es la pregunta que nos hacemos desde el 7 de mayo todos aquellos que llevamos euros en el bolsillo. Para empezar a buscar pistas, conviene recordar que no es la primera vez que el nuevo presidente francés trata de alcanzar una entente con Alemania para reforzar la Unión Monetaria. En noviembre de 2014, siendo ministros de economía, Macron y Sigmar Gabriel hicieron público el informe Reformas, inversión y crecimiento: una agenda para Francia, Alemania y Europa, escrito por Henrik Enderlein, director del Delors Institute-Berlin y Jean Pisany-Ferry.

Análisis económico: revisando los pilares

En los últimos años se ha puesto de moda desarrollar investigaciones académicas que vienen a cuestionar los pilares en los que se ha basado el análisis económico en las últimas décadas. Se trata de revisiones que en muchos casos reevalúan los modelos tradicionales adaptándolos a la nueva realidad tras la crisis financiera global, o refinándolos con las posibilidades que proporciona la información más precisa de los datos micro a nivel de empresa o los metadatos; pero en otros casos, directamente se cuestionan los supuestos base de los análisis clásicos. El resultado no es menor porque muchas de estas revisiones vienen a cuestionar recomendaciones tradicionales de política económica y apuntan a la construcción de un nuevo consenso. A título de ejemplo, se repasan tres de estas revisiones con implicaciones para la política monetaria, el mercado de trabajo y la inversión, desarrolladas por economistas de reconocido prestigio y presentadas en foros académicos con especial incidencia entre los gestores de política económica.

El sesgo de supervivencia y el análisis económico

Abraham Wald fue un matemático húngaro experto en análisis estadístico y econométrico, geometría y teoría de la decisión. En 1931 se doctoró en Matemáticas por la Universidad de Viena bajo los auspicios de Karl Menger (el hijo del famoso economista), pero pese a su brillantez nunca le dejaron acceder a un puesto universitario: era judío, y el gobierno austríaco pro-nazi de entonces no lo permitía. En 1938, temiendo por su vida, emigró a Estados Unidos, aprovechando una invitación de la Comisión Cowles para la Investigación Económica (cuna de numerosos premios Nobel de Economía). Un día, en plena Segunda Guerra Mundial, recibió una visita inesperada de unos representantes del servicio de análisis del ministerio de Defensa para pedirle consejo. En la reunión le enseñaron un gráfico parecido al que encabeza esta entrada.