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Exportaciones de servicios en España: más allá del turismo

Cuando el consejero delegado de Apple, Tim Cook, presentó los resultados de 2018, destacó el contraste entre las malas perspectivas de la venta de iPhones y la favorable evolución del negocio en el área de servicios y aplicaciones, que será la base de su negocio futuro para hacer frente a la creciente competencia en terminales procedente de Asia. Se sumaba así activamente al fuerte dinamismo del comercio mundial de servicios, según McKinsey uno de los cambios estructurales más importantes acaecidos en la última década dentro del proceso de globalización –junto a la contracción de las cadenas de valor global y a la apertura de nuevos canales comerciales a través de la digitalización.

Esta creciente importancia del comercio de servicios se ha relacionado con el proceso de terciarización y la liberalización del comercio, pero también con otras transformaciones como la servitización de la industria –que desdibuja la tradicional división sectorial de las actividades económicas– y, sobre todo, los avances tecnológicos y digitales –que han facilitado enormemente la comercialización de los servicios.

La prueba de la inmigración (y II)

Algunos analistas han atribuido la capacidad de España para asimilar la ola migratoria anterior a la crisis a la afinidad cultural y lingüística con los inmigrantes. Sin embargo, de acuerdo a los datos del INE, la primera comunidad inmigrante en España es la marroquí (con 769.000 personas empadronadas en España en enero de 2018) y la segunda es la rumana (673.000 personas). Así que tiene que haber otras razones que lo expliquen. Mi interpretación es que tiene que ver con la combinación de tres factores: la cultura política, las políticas públicas y una actitud ciudadana bastante abierta a la inmigración. La memoria de la emigración española de los años cincuenta y sesenta, junto con el rechazo a la xenofobia y a la exaltación de la identidad nacional en la formación de la cultura política de la democracia española habría alumbrado un entorno tolerante con la inmigración. Lo llamativo no es que esta actitud prevaleciera hasta 2007, sino que se haya mantenido durante los años duros de la crisis económica.

La prueba de la inmigración (I)

Tropecé hace unas semanas en Twitter con una entrevista en el Guardian a Hillary Clinton en la que sostenía que la receta para que Europa frenara el auge de los partidos de extrema derecha era mostrarse más dura frente a la inmigración. Alababa la decisión de Angela Merkel en 2015 sobre la acogida de refugiados, pero recomendaba mandar un mensaje firme en el que quedase claro que ya no vamos a poder dar apoyo y refugio en los mismos términos. El economista jefe del Center for European Reform, que enlazaba la entrevista, recomendaba mirar a España como ejemplo de una conversación civilizada sobre la inmigración. Nosotros, tan acostumbrados a ser los rezagados o los peores alumnos de la clase en varios frentes económicos y sociales, ¿somos un ejemplo en un tema tan complejo como la inmigración? Es una reflexión pertinente, ahora que, tras años de excepcional quietud, partidos políticos nuevos (y no tan nuevos) están proponiendo endurecer las políticas españolas sobre inmigración.

Una foto de la fragmentación y polarización política en Europa

Los medios internacionales han recogido la obtención de escaños en Andalucía por parte de Vox como el fin de la excepción española al nacionalismo de derechas en Europa. Es un panorama muy sombrío que debe mantenernos alerta. En general, durante el siglo XXI estamos asistiendo a cambios fundamentales en el mapa político tradicional europeo en dirección hacia una mayor fragmentación y polarización política. Aunque es una tendencia bien conocida y repetida, no está de más reiterarla (con algunos números), para combatirla.

¿Se cierran las brechas?

Hay historias en las que el protagonista principal apenas se deja ver. En El sabueso de los Baskerville, el personaje central es un enorme animal, mitad perro, mitad bestia, que lleva persiguiendo durante generaciones a los miembros de una desdichada familia. Nadie lo ha visto, pero deja sus huellas en el páramo de Devonshire y condiciona la vida de sus habitantes. En macroeconomía sucede algo parecido con la producción potencial y la brecha de producción (también conocida como output gap).

La última vez que alguien me dio órdenes

En marzo de 2017 Steve Bannon, el entonces asesor estratégico del presidente estadounidense Donald Trump, se reunió con un grupo de congresistas representantes del ala más conservadora del partido republicano con el objetivo de presionarles para que votaran a favor de la ley de reforma sanitaria destinada a reemplazar a la implantada unos años antes por los demócratas. En un momento de la reunión, Bannon, cansado de intentar convencerles, cometió el error de recurrir al argumento de autoridad:

–Chicos, mirad, esto no es una discusión. Esto no es un debate. No tenéis más remedio que votar a favor de esta ley.

Uno de los congresistas, con un inconfundible acento sureño, replicó:

–Mira, la última vez que alguien me dio órdenes yo tenía 18 años. Era mi padre. Y a él tampoco le hice caso.

Dime quién lo ha propuesto, que me opongo

Durante muchos años Leonard Cohen no pudo cobrar derechos de autor por una de sus mejores canciones, Suzanne. A pesar de ello, el elegante cantautor canadiense minimizaba el asunto diciendo que, en el fondo, desde que se la había oído cantar a un marinero en un lugar remoto del Mar Caspio, “sentía que ya no le pertenecía” –es decir, pertenecía al patrimonio popular–. Algo parecido contaba Amancio Prada de su versión musicada del poema de Rosalía Adiós ríos, adiós fontes. Quizás ambos habían leído a Manuel Machado, quien avisó de que Hasta que el pueblo las canta / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor.

El oscuro cajón donde reposan los Informes de Expertos

De pocas cosas se aprende más que de los errores, y por eso uno de los mayores pecados en economía –y también en política– es el adanismo, la adopción entusiasta de ideas pretendidamente originales, pero en realidad herederas de diversos intentos históricos fallidos. Niels Bohr, uno de los padres de la mecánica cuántica y compañero de innumerables debates científicos y filosóficos con Einstein, solía decir que un experto es simplemente “una persona que ha cometido todos los errores posibles en una disciplina muy determinada”. Y es cierto: la condición de experto muchas veces no viene dada tanto por saber qué puede funcionar seguro como por prevenir contra aquello que seguro que va a fallar.

Hitchcock y el guion de la política económica

En “El cine según Hitchcock”, un apasionante libro que recoge un larga conversación entre dos genios cinematográficos, François Truffaut y Alfred Hitchcock, el director francés le preguntó al maestro del suspense por las claves para conseguir un guion perfecto. Hitchcock optó por responderle con una historia: le contó que durante muchas noches había soñado con guiones formidables que era incapaz de recordar al despertar la mañana siguiente, hasta que un día decidió dormir con papel y lápiz en su mesilla de noche, listo para anotar cualquier idea que le viniese en sueños. Y ocurrió que una madrugada se despertó inspirado, hizo varias anotaciones rápidas y volvió a dormirse. Al amanecer, nada más despertar, miró emocionado sus notas esperando encontrar el gran argumento soñado, y comprobó que se limitaba a una escueta frase: “Chico conoce chica”.

Intransitividad y moción de censura

Una ordenación personal de preferencias es transitiva, es decir, si frente a tres opciones A, B, y C; A se prefiere a B, y B se prefiere a C, se deduce que A será preferido a C. Sin embargo, ya en el año 1785, el ilustrado francés marqués de Condorcet llamó la atención sobre la no transitividad de preferencias en los sistemas electorales, de manera que el orden en el que se plantean las alternativas afecta al resultado final. ¿Constituye la moción de censura presentada por Pedro Sánchez un ejemplo de intransitividad de preferencias, en este caso, comparada con las opciones de la moción “instrumental” y la dimisión de Mariano Rajoy? No está claro.