Kenneth J. Arrow, el economista completo

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInEmail this to someonePrint this page

Kenneth Arrow está considerado como uno de los más prominentes economistas del siglo XX. Falleció en febrero del presente año a los 95 años de edad después de una larga y brillante trayectoria como economista. Sus Collected Papers, publicados en la primera mitad de los pasados años 80 comprenden seis volúmenes, y aunque se retiró en 1991, fue nombrado profesor emérito en la universidad de Stanford y siguió manteniendo una significativa actividad. Tratar de resumir sus contribuciones resulta tarea poco menos que imposible, pero no cabe duda que sus trabajos más conocidos, que le valieron el premio Nobel en 1972, se refieren a la Elección Social y al Equilibrio General Competitivo.

Arrow se había interesado en los problemas que plantea la paradoja de Condorcet para la toma de decisiones colectivas y dedicó su tesis doctoral a estudiar las condiciones que debería satisfacer una regla de elección social. Esta regla o función de bienestar social debería permitir una ordenación social de alternativas partiendo de las ordenaciones individuales de los miembros de la sociedad respecto a dichas alternativas, facilitando así la toma de decisiones colectivas. Impuso cuatro condiciones que debería cumplir la regla de ordenación social. Dominio universal: estar definida para toda configuración posible de preferencias individuales; principio de Pareto: si todos los individuos prefieren x a y, la regla social debe mostrar preferencia de x sobre y; ausencia de dictador: no puede existir una persona cuyas preferencias se trasladen a la ordenación social con independencia de las preferencias del resto de los individuos. La cuarta condición se conoce como independencia de las alternativas irrelevantes y exige que la ordenación social de un par de alternativas dependa únicamente de las ordenaciones individuales sobre dichas alternativas y no de como otra alternativa (irrelevante) sea ordenada.

Arrow demostró que no es posible establecer una ordenación social partiendo de las preferencias individuales que satisfaga las condiciones indicadas. La importancia y contundencia del resultado originó una profusa literatura sobre este asunto en muchos casos centrada en cuestionar las condiciones impuestas. La principal objeción se basa en la exclusión de comparaciones interpersonales. La construcción de Arrow se hace a partir de una ordenación de preferencias individuales sin tener en cuenta la intensidad de las mismas eludiendo lo que se conoce como comparaciones interpersonales de utilidad. Además, la condición de exclusión de alternativas irrelevantes implica una limitación adicional al no permitir comparaciones con estados sociales alternativos. Es de señalar aquí que esta condición no es consistente con estudios empíricos del comportamiento individual que ponen de manifiesto como las preferencias individuales entre dos alternativas pueden resultar modificadas por la presencia de terceras alternativas.

Como indica Amartya Sen, intentar hacer comparaciones de bienestar social eludiendo cualquier tipo de comparaciones interpersonales es una empresa poco fructífera, y en particular poco tendría que decir respecto a cuestiones como la distribución de la renta. Así en una de las propuestas más conocidas como la desarrollada por John Rawls en su Teoría de la Justicia, se recurre al principio de la diferencia, imponiendo que en la ordenación social de alternativas, debe tenerse en cuenta que los miembros más necesitados resulten favorecidos. Anthony Atkinson propone que una ordenación social debe tener en cuenta índices internacionalmente aceptados como los índices de desigualdad de renta.

Todo ello no disminuye la importancia de la aportación de Arrow, no solo por su elegancia formal, sino por poner de manifiesto los problemas que plantean los mecanismos de elección social sentando las bases para un tratamiento formalizado de este asunto y promoviendo el desarrollo de nuevas alternativas.

En el mismo año en que dio a conocer su tesis doctoral, Arrow público su demostración del Primer y del Segundo teorema del bienestar en el equilibrio general competitivo, resultado obtenido en paralelo con Gerard Debreu con quien colaboró posteriormente. Estos teoremas implican que cualquier equilibrio competitivo lleva a una asignación eficiente de recursos en el sentido de Pareto y su reciproco, cualquier óptimo de Pareto puede alcanzarse mediante un equilibrio competitivo. Con esta demostración se culminaba una línea de investigación iniciada por Walras y en la que fueron participes activos Hicks y Samuelson. Arrow para ello abandono las herramientas del cálculo tradicional utilizando nuevos recursos de análisis de la teoría de los conjuntos convexos.

Arrow precisa que la eficiencia en el sentido de Pareto de ninguna manera implica justicia distributiva. Una asignación de recursos eficiente en el sentido de Pareto puede proporcionar enormes riquezas a unos y al mismo tiempo extrema pobreza a otros. Por otra parte, presta especial atención a las limitaciones del mercado como es el caso de los rendimientos crecientes, las externalidades, los bienes públicos, la asimetría de información o los costes de transacción. La sociedad debe buscar instituciones alternativas para su tratamiento, lo que no implica necesariamente una intervención directa del sector público.

Es de destacar la publicación en 1963 de “Uncertainty and the Welfare Economics of Medical Care” seleccionado entre los 20 mejores artículos publicados en los primeros cien años de la revista American Economic Review. En este trabajo, al analizar el mercado de los servicios médicos destaca las dificultades del mecanismo de mercado para una adecuada prestación de estos servicios por la existencia de factores como: la incertidumbre sobre la conveniencia y eficacia del tratamiento, la asimetría de información entre médico y paciente, los problemas de agencia en la relación paciente médico y compañía de seguros, el riesgo moral. Al leerse desde la perspectiva actual su enfoque nos resulta familiar lo que pone de manifiesto el carácter germinal del artículo al introducir conceptos que se han incorporado plenamente al repertorio analítico de la economía. Destaca también cómo para hacer frente a estas circunstancias no debe considerarse únicamente la intervención estatal, la sociedad ha recurrido a diferentes instituciones como los códigos de ética profesional u organizaciones de la sociedad civil.

Arrow ha contribuido de forma significativa a importantes avances en la teoría del crecimiento. Consideraba el aprendizaje como un factor importante en el crecimiento, según su famoso ejemplo: el número de horas de trabajo requeridas para ensamblar el fuselaje de un avión era inversamente proporcional a la raíz cubica del número de fuselajes ensamblados. Su modelo de crecimiento “learning by doing” endogeiniza el proceso de aprendizaje y se considera un antecedente importante del modelo de crecimiento endógeno elaborado por Paul Romer. En otros ámbitos, popularizó el uso de la función de producción de elasticidad de sustitución constante y es bien conocido el coeficiente de aversión al riesgo propuesto por Arrow y Pratt.

La economía de la información fue un tema recurrente en sus trabajos, destacando los problemas que plantea la asimetría de la información, así como la importancia de tratar la información como un bien económico. Para Arrow la asimetría de la información en los mercados financieros conduce a una inadecuada distribución de riesgos generando tensiones recurrentes en los mercados financieros. El medio ambiente fue también objeto de su particular atención en sus artículos sobre crecimiento económico y calidad medioambiental, desarrollo sostenible y sobre cambio climático.

Sus actividades fueron mucho más allá del ámbito estrictamente económico, participando en iniciativas multidisciplinares, y manteniendo una estrecha cooperación con el Instituto Santa Fe en la investigación de sistemas complejos adaptativos.

Si a todos sus logros profesionales añadimos los elogiosos comentarios sobre su talante personal tanto de sus colaboradores y discípulos como de sus allegados, cualquier comentario adicional sobre la figura de Kenneth Arrow resulta redundante.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInEmail this to someonePrint this page

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *