Sabios en la inopia

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Alemania va bien. Esta es una de las escasas certidumbres del horizonte económico en el año que comienza. Mientras el euro ha llegado a la mayoría de edad (la unión monetaria ha cumplido 18 años, aunque los billetes y monedas tardaran tres años más); y como viene sucediendo desde que naciera, su suerte vendrá marcada por las ideas económicas alemanas, su influencia en la política de su gobierno y su interacción con las visiones económicas y políticas del resto de Estados Miembros. A finales de año el Consejo Alemán de Expertos Económicos presentó a Merkel su informe anual, titulado Tiempo de reformas.

La principal amenaza para la economía europea es el mantenimiento de una política monetaria demasiado expansiva. No tanto porque genere presiones inflacionistas inminentes, sino porque está minando los incentivos para la consolidación fiscal y las reformas estructurales, fuentes últimas del crecimiento futuro. La droga monetaria ha creado una adicción que será difícil de curar y que supone una amenaza para la estabilidad del sistema bancario. Recomiendan al BCE retirar su programa de compra de bonos e iniciar una normalización de la orientación de la política monetaria coordinada con los principales bancos centrales.

Contra el malestar creciente respecto al proyecto europeo, proponen revitalizar el principio de subsidiariedad (que la UE no haga nada que puedan hacer mejor los Estados Miembros) para promover la competencia sistémica entre los países en las áreas sobre las que tienen responsabilidad. Es decir, debe promoverse que los Estados Miembros utilicen las políticas fiscal, social y laboral para atraer empresas e inversiones a su territorio dentro del Mercado Interior. Por el contrario piden mayor integración en las políticas de cambio climático, inmigración, asilo y seguridad.

Rechazan la creación de cualquier capacidad fiscal europea mientras no haya voluntad de ceder soberanía a un nivel federal (rompería el vínculo entre responsabilidad y control) y se oponen también a la propuesta de la Comisión Europea para crear de manera gradual un seguro de depósitos común. Sus propuestas en el ámbito financiero son la creación de un mecanismo ordenado de reestructuración de la deuda soberana y el fin del tratamiento favorable de la deuda pública nacional en los balances de los bancos. Despachan también con apenas un párrafo tanto el impuesto sobre las transacción financieras como la posibilidad de reintroducir un impuesto sobre la riqueza en Alemania.

Lamentan mucho el resultado del voto sobre la permanencia del Reino Unido en la UE, pues consideran que su salida sería una gran pérdida que alteraría el equilibrio de fuerzas con contra de los defensores del mercado. Llegan a señalar que el mejor resultado de las negociaciones sería que no hubiera Brexit.

Sobre el crecimiento de la desigualdad, recuerdan que en Alemania apenas ha variado en los últimos años y que más que tratar de redistribuir conviene centrarse en aumentar la movilidad entre niveles de renta y la igualdad de oportunidades. Defienden también las negociaciones comerciales con Canadá y con Estados Unidos, porque a Europa le conviene fijar las reglas de la división global del trabajo. En definitiva, los Expertos piden más confianza en los procesos de mercado y medidas que faciliten la participación en los frutos de la actividad económica, sobre todo a través del empleo.

Como en las sentencias, el Informe tiene una opinión disidente, la de Peter Bofinger, un keynesiano en el país del ordoliberalismo. Se incluye en color azul, al final de los dos capítulos más conflictivos.

Lo primero que llama la atención de la lectura del Informe es la abundancia de valoraciones y opiniones políticas. Suena más a la exposición de una determinada filosofía política asociada con los principios del libre mercado que a un análisis económico basado en la evidencia que ayude a entender los desafíos que enfrentan quienes tienen que tomar decisiones.

El nivel y la estabilidad de la demanda agregada no figuran dentro de las preocupaciones de los Expertos. Parecería que ni Europa ni el resto del mundo llevan casi diez años en una situación de escasez de demanda casi estructural. O que el bajo nivel de la inflación no ha sido un quebradero de cabeza constante por sus efectos sobre la carga de la deuda y la capacidad de recuperación de la renta y del empleo. A pesar de que la Ley que regula el Consejo de Expertos les pide que investiguen los desequilibrios actuales o potenciales entre la oferta y la demanda agregadas, apenas se menciona ese 8,5% del PIB de superávit por cuenta corriente alemán (que no es otra cosa que el exceso de la producción sobre el gasto).

En contraste con esta visión, la Presidenta de la Reserva Federal estadounidense reconoció en un discurso reciente que la experiencia de los últimos años apunta a que la demanda agregada puede tener efectos duraderos sobre la capacidad de producción. Es decir, si se invierte poco y el paro involuntario se prolonga, la economía acaba viendo mermados sus recursos para producir en el futuro.

La crítica a la política monetaria reciente aplicada por el BCE tiene escaso fundamento. Se olvida de mencionar que 2016 es el cuarto año consecutivo en el que la autoridad monetaria europea no ha cumplido su objetivo de estabilidad de precios (en la definición que ella misma se dio). En este caso el respeto a las reglas de la unión monetaria otorga plena justificación a las medidas extraordinarias de expansión que viene aplicando el BCE.

Los Expertos parecen seguir pensando que los mercados financieros son eficientes y reflejan en cada momento la solvencia de los gobiernos y otros emisores. Es difícil que crean esto de verdad; hoy son ya muy pocos los economistas que se adhieren a esa visión. Quizá echen de menos los tiempos en los que la inestabilidad de los mercados de deuda pública puso a varios Estados Miembros del euro al borde del colapso y los forzó a adoptar lo que ellos consideran virtuosas reformas estructurales.

La Unión Bancaria necesita completarse con un seguro de depósitos europeo y el plan gradual que ha presentado la Comisión es perfectamente coherente con el principio de ligar la responsabilidad con el control. Por otra parte, el buen funcionamiento de la unión monetaria necesita de un mercado de deuda común, que podría coexistir con mercados de deuda nacionales. Hay propuestas interesantes para avanzar de manera gradual en esta dirección que podrían limitar la mutualización de riesgos y además introducir incentivos eficaces para el buen comportamiento fiscal.

En definitiva, el fundamentalismo de mercado de los Expertos es inmune a las quiebras, fallos y problemas que han condicionado la evolución económica de Europa y del mundo en los últimos diez años. Nadie pide a los creyentes en las bondades sociales de los mercados sin bridas que renieguen de sus ideas. Pero los más honestos y con más sentido científico (respeto por la realidad) de entre ellos tienen un razonamiento mucho más rico y más elaborado del que se presenta en este Informe. El modelo alemán de economía social de mercado tiene muchos elementos interesantes para el resto de Europa: la participación de los trabajadores en las empresas, la formación profesional o la fortaleza del sistema fiscal. Es una pena que no quepan en el estrecho corsé de este Informe Anual, cuya lectura es en todo caso muy recomendable.

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8 comentarios para “Sabios en la inopia

  1. Francisco Moreno Velo
    29/01/2017 at 03:50

    Gracias Gonzalo, por el articulo, que pone en evidencia las dos visiones sobre politica economia y monetaria, la alemana vs la americana. Por mis anteriores comentarios, ya sabras, que yo me quedo con la vision alemana. Basicamente, no creo en politicas enfocadas a “forzar” la demanda, ya sea por la via fiscal o monetaria, sino en politicas que estimulen la competencia y la capacidad productiva del sector privado, asi como el ahorro.

    Uno de los mayores problemas que tenemos en la UE es que somos una union monetaria y comercial pero no una union politica. Por lo tanto no es posible armonizar las politicas fiscales. Ni si quiera somos capaces de hacer cumplir los acuerdos de estabilidad presupuestaria, y la gran prueba de ello la tenemos en nuestro pais, donde no hay forma de controlar el deficit. La UE, sinceramente, no tiene los suficientes mecanismos ni autoridad para forzar una reduccion del gasto publico en Espania (ni en Italia, por ejemplo), que de hecho se ha vuelto un problema cronico. Por lo tanto, no se puede seguir avanzando en proyectos mas ambiciosos, como seria establecer una deuda publica europea, porque acabaria siendo algo injusto para aquellos estados miembros que SI son capaces de ajustar sus cuentas.

    Respecto al BCE, comentar que su funcion es unicamente la estabilidad de precios. Por estabilidad de precios se entiende que los precios no cambian, por lo tanto se establecio como objetivo mantener la inflacion por debajo del 2%, siendo 0% estabilidad “total” de los precios y 2% un limite superior considerado “no danino” de inestabilidad de los mismo. Esta definicion, incluidad en los tratados iniciales, se cambio posteriormente, por presiones de otros estados miembros (Francia, Italia, etc..), estipulando que el target era el 2% de inflacion, lo cual no es estabilidad de precios, precisamente. Hubiese preferido que el traget fuera “estabilidad real” de los precios, es decir 0% de inflacion. Considero la inflacion como algo “malo” y por lo tanto un poquito de “malo” no es mejor que nada de “malo”.

    Recordar que el BCE tiene sede en Frankfurt, donde estaba la sede de Bundesbank, no en Bruselas. Eso fue parte de las negociaciones del Euro. Alemania tenia claro que si habia moneda comun, queria un sistema monetario basado en sus principios de prudencia y estabilidad de precios, a imagen y semejanza del Bundesbak. Sin embargo desde su creacion, el BCE claramente ha traicionado su razon de ser, metiendose a comprar deuda publica de paises miembros, prestando dinero masivamente a bancos privados, imponiendo tipos de interes negativos y hasta se esta dedicando ahora a comprar directamente acciones en las bolsas europeas. Mas tarde o mas temprano pagaremos todos estas imprudencias. Que desastre!

  2. Gonzalo García Andrés
    29/01/2017 at 16:24

    Gracias, Francisco. Los desastres que se han vivido en el euro tienen, a mi juicio, poco que ver con que el BCE haya traicionado su misión. Más bien al contrario. Si comparas con otros bancos centrales, el problema es que ha tardado mucho en intervenir para frenar la espiral de inestabilidad destructiva que engendró la crisis fiscal griega. La causa es la adhesión a esa visión que defiendes en tu comentario según la cuál la escasez de demanda agregada nunca es un problema. Y la realidad nos ha demostrado, de manera violenta en los últimos años, que las economías modernas tienen una grave tendencia hacia la inestabilidad financiera que genera un riesgo de deflación acumulativa enorme. Este principio es muy viejo y algunos economistas liberales como Irving Fisher ya lo reconocieron antes de que Minsky lo explicara con precisión veinte años antes de la crisis de 2007.

    En ningún sitio la estabilidad de precios se define como cero inflación. Y los últimos años nos demuestran bien por qué. Cuando la inflación es tan baja se dificulta el ajuste de los precios relativos y se corre el riesgo de que se genere un proceso acumulativo de descenso en el nivel general de precios, los salarios, la demanda agregada, la producción y el empleo. A pesar de todo, el objetivo del BCE difiere del de la mayoría de bancos centrales por ser asimétrico. E incluso así lo llevan incumpliendo varios años con una inflación demasiado baja.

    Intervenir para asegurar la estabilidad de la demanda es factible y los costes son mínimos en comparación a los de una depresión o una gran recesión como la que hemos vivido.

    Me temo que sobre este punto no nos pondremos de acuerdo.

  3. Francisco Moreno Velo
    05/02/2017 at 05:43

    No estamos de acuerdo en estos temas, pero de eso se trata, que nuestras diferentes visiones y opiniones enriquezcan el debate.

    De todas formas, creo que el consenso es que las expansiones monetarias y fiscales pueden mejorar la situacion a corto, pero la empeoran a largo plazo. De lo contrario, seria todo muy sencillo, los problemas se resolverian bajando los tipos de interes e incurriendo en mas gasto publico. Pero no es asi, en la vida estas soluciones magicas no existen, todo tiene un coste. La discusion esta centrada realmente en si este es buen momento o no para seguir aplicando estimulos fiscales y monetarios y hasta donde. En esto mi opinion es bastante clara: ya nos hemos pasado de frenada.

    Respecto a la politica monetaria, mi opinion es que el problema tanto en USA como en la UE fue que los bancos centrales mantuvieron tipos de interes menores a la inflacion durante demasiado tiempo. Eso es algo antinatural, va en contra de la preferencia temporal del consumidor, y provoco un incremento artificial de activos financieros y de activos inmobiliarios. El tema fue especialmente sangrante en el sur de europa, con inflaciones del 4-5% frente al tipos del orden del 2%. No me parece razonable que despues de que los bancos centrales hayan alimentado esta burbuja con tipos artificialmente bajos, ahora, despues del desastre, le echen la culpa a las “cronicas inestabilidades financieras del mercado” que sufren comportamiento “irracionales y turbios”.

    De todas formas, yendo al plano mas tecnico, la verdad nunca he leido o escuchado una explicacion sencilla, convincente y logica de por que un poco de inflacion es buena. Creo que en la mayor parte de los casos se confunden causas con efectos. La inflacion sostenida, solo puede ser fruto de: i) el incremento de la masa monetaria por encima del crecimiento economico, o ii) un aumento en la velocidad de las transacciones, generalmente debido a una aceleracion de la actividad economica. Por lo tanto, cuando la economia va bien y ademas los bancos centrales aumentan la masa monetaria (siempre lo hacen), aparece la inflacion, como consecuencia del incremento de la actividad economica, no como su causante. El incremento de la masa monetaria aumenta la liquidez en el mercado, y puede reactivar a la economia, y como consecuencia tambien se crea inflacion. Pero no al reves: la inflacion por si sola no crea liquidez en el mercado.

    Lo que si que es consecuencia de la inflacion es: i) perdida de poder adquisitivo de los asalariados, ii) perdida del valor real de los ahorros, iii) disminucion del valor real de las deudas. Fomenta el gasto y desincentiva el ahorro, es decir, fomenta la irresponsabilidad, el pan para hoy y hambre para maniana.

    Agradezco sinceramente una explicacion sencilla y logica de por que la inflacion ayuda a la economia, no para discutir, sino para entender mejor este asunto. Aunque, seguramente tendremos tiempo de seguir con este tema en otro articulo.

    • Gonzalo García Andrés
      06/02/2017 at 02:48

      Gracias, Francisco. Lo que planteas tiene que ver con una discusión central de la macroeconomía e incluso más antigua, pues ya se enunció con la Ley de Say. ¿Tiene la economía mecanismos autónomos para evitar que la deficiencia de demanda merme la producción y el empleo? La mayoría de los clásicos y neoclásicos pensaban que sí, a través de la flexibilidad de los salarios reales; incluso la síntesis de elementos neoclásicos y keynesianos que ha dominado la macro hasta la crisis sostenía que a corto plazo la rigidez nominal, unida con las imperfecciones reales pueden crear deficiencias de demanda, pero que a largo plazo la demanda no importa. La crisis es una prueba de que nuestras economías no tienen esos mecanismos, incluso si como dices la causa de los problemas hubiera sido una política monetaria demasiado laxa. Recuerdas los meses finales de 2008 y los primeros de 2009? Los descensos de precios de los activos no equilibraban el mercado sino que restringían el acceso a la financiación y hacían caer a plomo el comercio, la inversión, el consumo y la producción. En el entorno real de competencia monopolística, las empresas fijan los precios con un margen sobre los costes y ajustan la producción a la demanda. Por eso la estabilidad de la demanda agregada debe ser un objetivo prioritario de la política macroeconómica.

      Sobre la inflación, tienes razón en los males que genera. El problema no es en sí una inflación del 1% sino lo que la provoca, que es un exceso de oferta sobre la demanda. El argumento para no llevar la inflación a cero es que los precios y salarios nominales son rígidos a la baja, de manera que un poco de inflación facilita los ajustes de los precios relativos, incluidos los salarios reales. En la situación actual, una inflación cercana a cero puede generar expectativas deflacionistas que retrasen el gasto y aumenten el valor real de las deudas (como dices). El problema es que esa dinámica es acumulativa y con los tipos tan bajos no hay confianza en la capacidad de la política macroeconómica para romperla. Esta era la preocupación de mucha gente por el estancamiento secular, que se ha calmado ahora pero que ha dominado gran parte del 2016.

  4. Francisco Moreno Velo
    18/02/2017 at 06:47

    Gracias Gonzalo. Entiendo tu argumento respecto a la rigidez a la baja de algunos precios y sobre todo de los salarios. Las imperfeccciones del mercado provocadas por la intervencion y regulacion del estado, asi como ciertos oligopolios, son factores a tener muy en cuenta, ya que evidentemente (yo diria desgraciadamente) no estamos en “mercados perfectos”.

    Respecto a que la deflacion retrase el consumo, no lo veo nada claro. El ejemplo mas claro lo vemos en los productos electronicos, como televisores y ordenadores. Cuando compramos estos productos sabemos que dentro de 6 meses seran mas baratos o estaran desfasados y sin embargo el consumo no para de crecer.

    Respecto al resto de asuntos, donde tenemos diferentes puntos de vista, me reservo para posteriores articulos. Enhorabuena por el blog, es muy interesante.

    • Gonzalo García Andrés
      25/02/2017 at 17:05

      Gracias, Francisco. La rigidez de los salarios nominales no deriva de la intervención y de la regulación, o en todo caso no solo. Los trabajadores son aversos a las pérdidas y un descenso de salario se interpreta como una pérdida, aunque el nivel de precios esté bajando. Sobre la deflación y el consumo, piensa en el mercado de la vivienda. Si se espera que los precios sigan bajando los compradores esperan, fuera del mercado. El problema de fondo es que los ajustes de precios a nivel agregado ante la caída de la demanda no son capaces de reactivarla y la combinación de descensos de cantidades de empleo y de renta con las expectativas la acentúan
      Muchas gracias a ti por participar con tus comentarios.

  5. José Antonio
    11/04/2017 at 12:30

    Gonzalo, ya habrás visto que el desequilibrio intra-sistema medido por los saldos TARGET2 de febrero 2017 ya supera el nivel máximo alcanzado en 2012.

    Italia y España (como grandes deudores) y Alemania (como gran acreedor) están todos en máximos históricos. Y ya sabemos la posición de Alemania sobre los saldos negativos (rescate encubierto, medidas de corrección, liquidación con garantías reales…)

    Este año parece que nos protegerá el calendario electoral en Europa, y probablemente el siguiente haga lo propio el proceso de negociación del Brexit, pero esto tiene pinta de que no mucho más tarde se vaya a servir una nueva ronda de fuego y azufre que anime a los tibios a seguir por la senda virtuosa.

    Debemos seguir con atención la evolución de los saldos. Y a los disidentes alemanes.

    Enhorabuena por el artículo

    • Gonzalo García Andrés
      11/04/2017 at 18:52

      Gracias José Antonio. Tienes mucha razón en lo que comentas sobre los saldos del TARGET2. Son un indicador muy ilustrativo de la relación entre los flujos netos de financiación privada dentro del euro y los flujos netos de financiación a través de la operación de la política monetaria. Que se utilizaron para abonar la tesis de la deriva hacia una unión de transferencias en los peores momentos de la crisis. Aunque muchas opiniones cualificadas reaccionaron ante posiciones como las de Sinn, seguro que volverán. No se puede bajar la guardia.

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