Mes: julio 2018

Oposiciones: la azarosa construcción de la función pública

En el libro Kluge: La azarosa construcción de la mente humana, Gary Marcus explica cómo el proceso evolutivo del cuerpo humano no aspira a la perfección: así como hay elementos con un diseño casi perfecto –como las manos–, otros –como los ojos o el aparato reproductor masculino– presentan un diseño bastante chapucero. Lo que pasa es que funcionan (un kludge o kluge en inglés es justo eso: un apaño, una solución chapucera pero funcional). Y si han sobrevivido dentro del cuerpo humano con su torpe diseño es precisamente porque cumplen adecuadamente su cometido, y otros órganos más elegantes pero menos funcionales no han pasado el filtro darwiniano.

Menos aranceles y más impuestos progresivos

El gobierno estadounidense ha decidido recurrir a los aranceles como instrumento para mitigar los efectos negativos del comercio sobre su economía. Si dejamos a un lado la retórica mercantilista, la vulneración de las normas de la OMC y la estrategia negociadora del abusón, deberíamos aceptar que existe un problema. Varios estudios empíricos recientes muestran que la exposición creciente a las importaciones ha reducido el empleo y ha elevado la incertidumbre sobre las rentas salariales de los trabajadores. Los perdedores de la globalización se concentran en determinados sectores y regiones; y la verdad es que sus pérdidas están poniendo en cuestión la sostenibilidad del grado de liberalización comercial alcanzado por la economía mundial. Pero, ¿son los aranceles la mejor alternativa de política pública? ¿Es posible conciliar la apertura comercial y la protección de los trabajadores?

Cinco gráficos sobre la presión fiscal

El cambio de gobierno ha dado paso a un debate (necesario) sobre la oportunidad o no de aumentar los ingresos públicos con más impuestos. Sin perjuicio de que la clave está en el diseño de la reforma impositiva (sobre lo que hemos escrito varias entradas), que es la que determinará quiénes pagan y cuál es su impacto sobre el crecimiento y la reducción de la desigualdad (siempre en combinación con la política de gasto público), conviene resaltar que a nivel de recaudación agregado, la presión fiscal –el porcentaje de ingresos tributarios totales en relación al PIB– en España es relativamente baja y que un incremento de la presión fiscal no está reñido, ni con la eficiencia, ni con la equidad, más bien puede ser al contrario.

Hipócrates, la luna y el Libro Blanco del Brexit

Hipócrates de Quíos fue un matemático y astrónomo griego que vivió en el siglo V a.C. En su juventud había sido comerciante, pero, harto de sufrir los robos de piratas y funcionarios aduaneros corruptos, decidió dedicarse a la enseñanza. Uno de sus mayores descubrimientos fue el de las denominadas “lúnulas de Hipócrates”, áreas con forma de media luna adyacentes a un círculo y con un área equivalente a la de un triángulo interior. Entonces se creyó que la solución de Hipócrates permitiría desentrañar el hasta entonces irresoluble problema de encontrar, con regla y compás, un rectángulo con un área equivalente a la de un círculo –más conocido como el de la cuadratura del círculo.

Trilemas en política económica

La “política económica” es primero “política”, es decir, administración para los ciudadanos (“politiké”) y, por tanto, envuelta en unos valores y una ideología acerca de los que se considera mejor para ellos; y segundo, “economía”, es decir, una herramienta para identificar el camino más apropiado hacia dichos objetivos. En línea con la primera de las 33 Tesis para la Reforma de la economía –que establece que ninguna meta económica puede separarse de la política–, las políticas económicas deben entenderse como recomendaciones establecidas a partir de unos valores, que se aplican en un contexto económico e institucional determinado. En este sentido, a partir del “trilema” (anglicismo) de valores libertad-igualdad-solidaridad, se puede establecer, aún a riesgo de simplificación, un esquema sobre los trilemas a los que se enfrenta la política económica.

Nostalgia de aquel BIS

Durante los primeros años del siglo, en los que la crisis se iba fraguando ante la complacencia general, todas las instituciones financieras internacionales andaban en la inopia. ¿Todas? No. Un pequeño grupo de economistas irreductibles, parapetado en Basilea, alertaba de los peligros que acechaban tras la apariencia de estabilidad y gran moderación. Mientras en Washington D.C. el departamento monetario y de mercado de capitales del FMI, siempre cercano a los susurros de la banca de inversión, alababa la titulización, los informes anuales del Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés), trataban de destilar a Minsky y a Hayek para recomendar activismo contra los desequilibrios futuros. Hace unas semanas, el venerable banco de bancos publicó un nuevo informe anual, en el que se evalúan algunos de los progresos realizados en los últimos años y se analizan nuevos desafíos.

Bob Dylan y el viejo proteccionismo

Muchas de las canciones de Bob Dylan hablan del efecto del paso del tiempo sobre nuestra forma de ver las cosas. Una de ellas, My Back Pages –que podríamos traducir como “las páginas que he pasado”– refleja cómo cuestiones que en la adolescencia o juventud se percibían como blanco o negro se matizan con el tiempo en muchos tonos de gris. Las cosas siguen siendo las mismas: los que no somos los mismos somos nosotros, que hemos cambiado porque hemos adquirido experiencia y conocimiento para juzgar con mayor perspectiva.

En Economía pasa lo mismo: a veces se plantean medidas que hace décadas se veían lógicas pero que ahora, con un mundo y unos procesos productivos totalmente distintos, han perdido todo su sentido: son páginas ya pasadas, medidas del siglo XX aplicadas en el siglo XXI y que ahora están llenas de tonalidades grises.

Hacia un nuevo paradigma de la empresa (II): las entidades de la Economía Social

Hace algo más de un año se explicaban en este blog los efectos de la financiarización de la economía sobre los comportamientos empresariales o corporativos, como el posible sesgo cortoplacista bursátil o el escaso interés en inversiones de largo plazo de las empresas cotizadas –por ejemplo, en I+D+i–. Se planteaba la necesidad de encontrar un nuevo paradigma de la empresa, en el sentido de que la búsqueda de rentabilidad redundase en beneficio de sus empleados, sus clientes-contribuyentes o la sociedad en general.

Esta entrada trata de determinar en qué medida las entidades de la Economía Social responden a ese nuevo paradigma, para lo cual resulta necesario conocer qué se entiende por Economía Social y cuáles son las entidades más representativas.